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Soy una sobreviviente por @Alepolig

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La vida muchas veces nos pone pruebas que pensamos que no podemos superar. Sí, puede ser cualquier cosa, desde que somos guaguas que nos está constantemente probando.

Hoy quiero compartir con ustedes una experiencia muy personal con respecto a las pruebas. Cuando tenía 14 años me vi enfrentada a una enfermedad, que para muchos en el mundo, ha llegado a ser mortal. A los 14 años tuve Síndrome de Guillain Barré.

Como no soy ni médico ni científico, para que entiendan bien de que se trata esta enfermedad, recurro a la maravillosa Wikipedia “es un trastorno neurológico autoinmune en el que el sistema inmunitario del cuerpo ataca a una parte del sistema nervioso periférico, la mielina, que es la capa aislante que recubre los nervios. Cuando esto sucede, los nervios no pueden enviar las señales de forma eficaz; los músculos pierden su capacidad de responder a las órdenes del encéfalo y éste recibe menos señales sensoriales del resto del cuerpo. El resultado es la incapacidad de sentir calor, dolor y otras sensaciones, además de paralizar progresivamente varios músculos del cuerpo”.

Fuerte, ¿no? Pero cuando una es más chica, no es capaz de entender la gravedad de las enfermedades o de las situaciones que nos toca vivir. Esta enfermedad es tremenda, de un día para otro, no pude caminar, no pude mover los brazos, prácticamente no podía hablar. Y así de a poco fui quedando postrada en una cama desde la cual veía la vida pasar por mis ojos y yo simplemente no podía hacer nada.

Fueron meses de recuperación, de terapias interminables, de aprender prácticamente a hacer todo de nuevo. Meses de depender de los otros para todo y para cualquier cosa. Y de ver lo que uno no imagina que pasa cuando esta cómodo en su vida.

Hasta a la Teletón tuve que ir. Por eso me siento parte de esa hermosa cruzada, por eso cada año siento que le debo tanto y siento que es un deber de todos los chilenos ser parte de ella. Nunca debemos defraudar a esos niños maravillosos que día a día dan pequeños pasos. A ese personal increíble que deja su amor y da todo de sí para ayudarlos. La Teletón puede tener muchos mitos girando a su alrededor, pero yo que la viví desde dentro, les aseguro que hacen una labor maravillosa y eso no se puede cuestionar nunca.

La vida nunca va a dejar de sorprendernos y de ponernos pruebas. Una tras otra y una más difícil que la otra. Pero debemos saber enfrentarlas, de mirar para adelante y de abrazar la vida que es tan valiosa. Es en esos momentos, cuando te sientes indefensa, sin fuerzas, sin poder expresarte te vas dando cuenta de que debemos apreciar cada cosa que nos da la vida y dejar de quejarnos por cosas pequeñas.

Nunca estamos exentos de poder enfrentar una situación como la que yo viví. Pero he aprendido de eso. Mi postura frente a la vida es otra gracias a eso. Y es eso lo que trato de transmitirles a mis hijos. Que, aunque no lo creamos, somos más fuertes de lo que pensamos y que somos capaces de superar esas pruebas.

La familia es el núcleo más potente que tenemos y es en esas situaciones límites donde vemos ese amor infinito. Ese amor infinito de mi mamá y mi papá por mí y por cuidarme. Los vi llorar y cuestionarse tanto lo que me estaba pasando. Ese amor de mis hermanos por hacerme los momentos más agradables. Y ese cariño tremendo que me entregaron en la clínica luego de estar casi dos meses internada.

Cuando veo la televisión casos parecidos a los míos, no sólo mi corazón se emociona a mil por ver y comprender recién hoy la magnitud de la enfermedad que tuve. Y sólo doy gracias a Dios por ser una sobreviviente que ha disfrutado y sigue disfrutando de esa segunda oportunidad.

Hoy que miro hacia atrás pienso que Dios es muy sabio. ¿Saben por qué? Porque simplemente creo que hoy no sería capaz de enfrentar una enfermedad de ese calibre.

Mi invitación hoy es a vivir la vida a concho pero aprender a enfrentar las pruebas que nos depara el destino también es fundamental. Y nuestro deber es también en no pintarles un mundo de color de rosas a nuestros hijos. Debemos decirles que no sabemos qué pasará en el futuro. Lo único que podemos asegurarles, es que daremos nuestra vida por estar con ellos, por ayudarlos y darles amor en momentos difíciles. Tal como lo hicieron mis papás conmigo.

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