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Pautas para consolar a tu hijo

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Muchas veces nos enfrentamos a la situación de que nuestro hijo se cae o se golpea y llora mucho. No sólo porque el golpe le dolió, también por una cuota de frustración o sus por lo que acaba de ocurrir. No entiende que sucedió y eso lo deja en una situación extraña.

Es acá donde el consuelo de los padres se vuelve fundamental, no sólo para aliviar su dolor, sino para que se sienta seguro y sienta también que todo vuelve a la calma.

Existen algunas pautas que nos pueden ayudar a calmarlo cuando una situación así ocurre. Intenta siempre mantener una actitud tranquila; aunque el golpe haya sido fuerte, debes mostrarte serena para que él se calme. Revisa el golpe y entrégale los primeros cuidados necesarios (mojar la zona, lavar bien si es un raspón, entre otros).

A continuación te dejamos estas pautas que nos entrega el sitio español Crecer Feliz para guiarnos en cómo podemos reaccionar para consolar a nuestros niños:

1.- Préstale atención y pregúntale dónde le duele. Si es en la rodilla, dale un beso sobre la zona y cántale algún “mantra” como “sana, sana…potito de rana”. O bien ponle un parche curita, aunque no sea necesario. Sea cual sea el ritual que apliques, le tranquilizará.

2.- Dale el tiempo que necesite para recuperarse (aunque creas que es innecesario). Por ejemplo, si quiere estar en brazos, seguramente se quedará un rato contigo. Cuando se le pase el susto, él mismo volverá a jugar.

3.- Reconoce su emoción (fíjate en su mirada y en su lenguaje corporal para saber de cuál se trata) y dale un nombre: “Estás asustado porque te has caído y ahora te duele el pie”. A esta edad, los niños aún no disponen de palabras para expresar sus emociones. Considera también, que el malestar y la necesidad de consuelo serán distintos según la gravedad del golpe, pero también en función del carácter de tu hijo. Hay niños muy sensibles que viven con mayor intensidad el dolor. O que son más asustadizos. Y los que lloran por la rabia de su caída, más que por el dolor, también necesitan que los consolemos.

Recuerda siempre que ante un golpe o caída no es bueno reaccionar muy alarmada, pero tampoco le restes importancia. Si tu niño viene corriendo hacia ti después de una caída, aunque tengas claro que no fue nada grave, nunca le digas “¡No fue nada!”. Si lo haces, él pensará que no lo tomas en serio ni lo entiendes.

Frente a esa situación (reiterada en el tiempo) él comenzará a aprender que sus emociones no importan, lo cual afectaría su confianza. Aprendería a reprimir sus emociones y eso nunca es bueno.

 

 

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