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Mi experiencia de lactancia materna: “Darles vida cada cuatro horas” por @memecarranca

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semana de la lactancia

Tengo cuatro niños maravillosos. Llevo 9 años paseando un coche non stop: desde que subí a la mayor de mis hijas solo he bajado niños para subir guaguas. Llevo 9 años entregándome 24/7 a estas cuatro personitas que dependen de mí y que requieren cariño, amor, preocupación, paciencia, sonrisas, atenciones, diálogo, respeto, cuidados, normas, reglas, horarios, comidas, traslados… y cuántas cosas más.

He tenido la suerte de poder amamantar a mis cuatro hijos durante sus primeros 8 meses de vida. He tenido la suerte de vivir esa maravillosa conexión de sentirnos uno, de darles vida cada cuatro horas. Sí, porque eso es para mí la lactancia…

Durante nueve meses vivieron en mi vientre, sacaron de mí todo lo que necesitaron para vivir y para ser plenamente felices en ese estado maravilloso de vivir cien por ciento protegidos dentro de la guatita de la persona que, en ese momento, más los ama en todo el mundo. Vivimos juntos el espectacular momento del parto, de mirarnos a los ojos por primera vez y reconocernos por fin… vivimos la maravillosa sensación de acostarlo en mi pecho y ver como ese primer llanto se transformaba en el momento de paz más pleno, perfecto y profundo que podamos vivir.

Viví 8 meses con ese pequeño ser viviendo solo de lo que yo podía darle… dándoles vida cada cuatro hora… Nunca vi la lactancia como una “esclavitud” como muchas veces se dice en este mundo moderno tan lleno de responsabilidades y necesidades banales. Nunca viví la lactancia como una obligación. Nunca viví la lactancia como algo que debía hacer, si no que como algo que QUERÍA hacer, como mi forma de darle mi amor infinito a ese pequeño ser.

Sé que no para todas las mujeres es tan fácil este proceso. Yo tuve la suerte de jamás tener ningún problema, de haber podido amamantar a mis niños desde el primer minuto sin dolores ni complicaciones. Tuve la suerte que bastó con lo que yo les daba para mantenerlos sanos y satisfechos. ¡Me siento una afortunada de haber podido hacerlo! Reconozco que es una etapa agotadora, estar disponible cada cuatro horas para nuestros hijos no es menor, hay que correr para llegar a tiempo, hay que estar dispuesta a mostrar la pechuga en público, a dejar de hacer miles de cosas por estar esa media hora al lado de nuestra guagua, dispuesta a dejar de dormir… y no es solo agotador en términos prácticos, lo es también en términos físicos.

Hoy, después siete meses de haber terminado, la que espero, sea mi última lactancia me siento infinitamente feliz y satisfecha. Feliz por cada uno de esos mágicos 30 minutos sola con mi pequeñ@ [email protected], feliz por saber que les di lo mejor de mi (aunque muchas veces la fuerza no me alcanzaba) , feliz por ese esfuerzo de seguir adelante y continuar amamantando aunque haya implicado un cansancio infinito, feliz porque día a día me doy cuenta que el vínculo que se crea es maravilloso, único, especial, profundo, cómplice… y que ese vínculo sólo lo pueden tener conmigo. Sí, porque la lactancia, ese tiempo juntos… profundamente juntos… fue y será para siempre solo nuestro. Hoy puedo dar gracias por cada uno de esos maravillosos momentos porque nos hizo ser lo que hoy somos: ellos más sanos y felices. Yo, más plena y feliz.

 

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