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La vida sigue: Una increíble historia por @Rodrigo_Robles

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Esta mañana cuando me dirigía a dejar a mi hija al colegio, íbamos muy atrasados. Adelante nuestro una familia en un taxi (papá e hijos, que se notaba también iban camino al colegio).  En un minuto, era tal el nivel de congestión vehicular y el estrés de todos los que conducíamos los autos, que este taxi paró en una zona no permitida y se empezaron a bajar los hijos, quienes se demoraban mucho y además estaban generando más congestión, estrés, bocinazos y presión. Debo reconocer que también me sumé a dicho “ataque” al taxi.

Pues bien, cuando me calmé un poco y me logré dar cuenta que el taxi no había parado ahí por casualidad – era la única zona donde si los hijos se bajaban en ese momento podían llegar más rápido al colegio, ya que como contaba antes, era muy tarde – lo que me llamó la atención fue que sólo se bajaron los hijos y no el papá.

Debo reconocer que tengo, como todos, defectos y virtudes, pero dentro de mis virtudes es que soy muy observador, mi esposa me dice que soy más bien copuchento, pero no estoy de acuerdo definitivamente.

Entonces dentro mi observación, me llamó la atención de que el papá no se hubiera bajado. Conclusión, fue a dejar a los hijos en taxi al colegio y ahora se dirigiría – probablemente – a su trabajo.  ¿No tiene auto? ¿Lo tiene malo? ¿Sí tiene y no lo usa? En conclusión, podían ser miles de alternativas.

Pero la historia no terminó ahí. Me estacioné, bajé con mi hija del auto y caminamos a la puerta del colegio. En el camino nos encontramos con los tres niños que se habían bajado del auto. Íbamos casi caminando juntos, y – de verdad no de copuchento – escuchaba que ellos conversaban de lo duro y difícil que era vivir sin su mamá (que había fallecido) y que el papá estaba sin trabajo. Parecía una conversación entre adultos, y el mayor no tenía más de 10 años. Quedé impactado. Frases como “tenemos que salir adelante”, “la mamá no nos quiere ver sufrir”, “el papá no está sólo, nos tiene a nosotros” me hicieron pensar y reflexionar tanto. Me parecía increíble lo que estaba escuchando.

Bueno, luego que dejo a mi hija en su sala, camino de vuelta al auto, me subo y parto camino a mi trabajo. En la esquina, en el paradero de micros ¿quién estaba? el papá de los niños, esperando micro. Con cara triste, desganado, solitario, casi derrotado, digo casi, porque no está derrotado. Cuando lo miré en el taxi venía feliz con sus hijos, venían jugando, cantando, haciendo juegos de manos, lo recuerdo perfecto, porque es lo mismo que hago con mi hija. Pero el estrés, la congestión, los bocinazos (donde me incluyo), no me dejaron observar esas imágenes, pero estaban frente a mis narices, por eso es que después regresaron a mi mente.

El papá lleva a sus hijos en taxi, no teniendo trabajo, pero él se regresa en micro, es decir, y aunque parezca banal o liviano, veo claramente que haría lo que fuera necesario porque a sus hijos no les falte nada, ya que él hoy es padre y madre.

Esta historia me hizo pensar en lo afortunado que soy. Me hizo pensar en que muchas veces nos quejamos tanto de problemas que, probablemente, en algún momento tengan solución. Pero me hizo pensar también en lo poco que le agradecemos a la vida de lo que tenemos.

Mi invitación es a disfrutar cada momento de nuestra vida. A reír a rabiar con las alegrías y a soltar todo el llanto con la tristeza. La vida pasa tan rápido que es casi un deber sacarle el jugo a cada momento. Y cuando creamos que no podemos más, debemos mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta que la vida sigue. Que debemos levantarnos y mirar el futuro de la mejor manera posible, sobre todo si tenemos a nuestros hijos al lado. Ellos, finalmente son el motor de nuestra vida.

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