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El bullying entre hermanos

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Las peleas entre hermanos son comunes. Discusiones, gritos y conflictos propios de la edad van surgiendo a medida que los niños van creciendo, lo que va formando su carácter y temple.

Pero debemos estar muy atentos. Muchas veces las peleas van más allá que simples discusiones y son en realidad la parte visible de un acoso permanente, donde uno o más hermanos, abusan de otro ya sea física o sicológicamente.

Un estudio realizado en Estados Unidos a 3.600 escolares, demuestra que este tipo de acoso (bullying entre hermanos) deja secuelas emocionales, incluso más profundas de que si diera en el colegio, por la cercanía de la relación.

El estudio, que fue presentado en la revista Pediatrics, les realizó una entrevista a cada niño de la muestra elegida sobre episodios de bullying, tanto en el colegio como con sus hermanos en el último año, y luego se les midieron los niveles de ira y depresión con pruebas estándar. Las agresiones consideradas en el estudio fueron la sicológica (burlas o insultos), agresión a la propiedad (quitar o destruir sus cosas) y daños físicos o severos.

Los resultados mostraron que los niños que habían recibido una agresión por parte de hermanos, tenían mayores niveles de depresión y síntomas de ansiedad, que los que habían sido acosados en el colegio.

El problema de este tipo de agresión, es que muchas veces los padres creen que son peleas naturales entre hermanos, por lo que no toman las precauciones necesarias y esperan que vayan disminuyendo con el tiempo.  Las agresiones entre hermanos (físicas o sicológicas) pueden ser aún más profundas que las sufridas en el colegio, puesto que éstas se vuelven sostenidas en el tiempo.

Comúnmente, este tipo de acoso o bullying, se da entre hermanos que tienen una corta diferencia de edad y el rango donde se acrecientan más los conflictos es entre los 6 y 12 años.

Los papás acá tenemos que tener un rol fundamental. No sólo debe importarnos sus relaciones y que es lo que les pasa en el colegio, sino que también ver lo mismo pero dentro del hogar. Debemos entregar condiciones de igualdad entre los hermanos para que se desarrollen normalmente.

No hacer diferencias entre ellos es la base para evitar resentimientos entre los hermanos. No utilizar frases como “tu hermano es más inteligente que tu” o “porque no puedes ser como él, te portas tan mal” son pequeñas frases que van alimentando una desigualdad entre ellos.

El castigo tampoco es un método bueno. El castigo propicia y alimenta el círculo de violencia. Lo recomendable es esperar que pase el momento de ira y buscar otro método de relacionarse. Pero todo con un límite. No dejemos que escape de nuestras manos y si estamos complicados, lo mejor es buscar ayuda de profesionales.

Debemos dejarlos expresar sus emociones tras el conflicto, pero siempre con la mediación de nosotros, dándoles espacios para que reflexionen y busquemos el origen de la pelea para encontrar una solución al problema.

Lo importante es ser padres que puedan orientar y regular las relaciones entre hermanos. Propiciarles instancias de juegos comunes y de que puedan compartir experiencias comunes.

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