Educación

Cómo educar a nuestros hijos

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La revista española Ser Padres publicó en su página web 10 tips para educar bien a nuestros hijos. Al ser algo tan acotado hace más fácil el tenerlo presente en el día a día.

  1. Este tip ya todas los sabemos pero siempre es bueno recordarlo. Es importante predicar con el ejemplo. Por mucho que le digamos a nuestros hijos lo que está bien, si ellos ven que nosotros no respetamos las normas y no tenemos buenos hábitos ellos aprenderán lo que ven, no lo que decimos.
  2. Debemos hablarle a los niños, incluso cuando estamos embarazadas pues es la forma de comunicarles a ellos cómo nos sentimos y también es la manera de conocernos mejor. Tenemos que dar espacios para la conversación siempre, sin nada que nos quite la atención de lo que estamos hablando (revisar el celular, mirar la televisión, etc) y hay que dar espacios para que sea el niño (o adolescente) el que nos cuente sus cosas sin hacer un interrogatorio. Prueba haciendo preguntas como ¿Qué piensas tu sobre? Así siente que nos interesa su opinión y a la vez se sentirá querido y escuchado.
  3. Debemos preocuparnos de tener reglas claras en la casa que tengan una explicación lógica. Antes de que estas reglas se rompan deben estar establecidas las consecuencias que traerá el no cuplirlas. Lo más importante es dejar claro que la mala conducta no tiene nada que ver con los sentimientos que tenemos hacia ellos.
  4. Hay que darles espacio para que ellos experimentes y exploren lo que pasa al hacer distintas cosas. Debemos dejarlos equivocarse, preocupándonos de estar a su lado para cuidarlos físicamente y estableciendo hasta dónde se puede llegar. La sobreprotección es una protección hacia los padres pero no a los hijos, tenemos que dejarlos correr sus propios riesgos.
  5. Es esencial no comparar a los niños con sus hermanos o amigos, tampoco es bueno generalizar (“siempre estas rabiando”), refuerza las cosas que hace bien para que vea que lo valoras aunque no se está portando bien, demuéstrales que confías en ellos, en sus capacidades y eso los hará intentar más (“yo sé que puedes lograrlo, inténtalo”)
  6. Conversar lo que nos está pasando con otros papás puede ser de gran ayuda. Saber que tu hijo no es el único que está haciendo algo nos ayuda a estar más tranquilos. Además, siempre puedes pedir ayuda profesional.
  7. Todos nos equivocamos y eso deben saberlo nuestros hijos. Si cometemos un error es importante reconocerlo y usarlo como aprendizaje para todos.
  8. Utiliza el refuerzo positivo más que el castigo, esto es mucho más efectivo. Los niños son muy sensibles a calificativos como tonto y malo y les puede afectar a su autoestima por lo que tenemos que tratar de no usar estos calificativos y a la vez decirles cada vez que sea pertinente palabras positivas, hacerles cariño, abrazarlos, etc. En el fondo hacerlos sentir querido y valorados.
  9. No podemos ser amigos de nuestros hijos porque nuestros hijos deben entender que como papás estamos un escalón más arriba. Nuestra tarea es cuidarlos y educarlos y por ende no podemos ser sus amigos (lo cual no implica que debemos tener una relación cercana, de confianza y mucho amor). Si no sabemos imponernos como padres a nuestros hijos les costará más confiar en nosotros.
  10. Debemos recordar que nuestros hijos también tienen emociones y que por muy poco relevante que nos parezca debemos respetar y dar importancia a lo que ellos sienten, ayudándoles a aclarar qué es lo que está pasando en ellos, cómo se llama ese sentimiento que lo embarga y cómo es.

 

           

    

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Educación

Matemáticas: innatas en los niños

En 1992, Karen Wynn  realizó una serie de experimentos con bebés de cinco meses. En uno de ellos, enseñó a los bebés un juguete que escondía tras una pantalla. A continuación, los bebés observaban cómo escondía un segundo juguete en el mismo lugar. Al cabo de unos segundos la investigadora apartaba la pantalla y cronometraba el tiempo que los bebés miraban. Observó que si al retirar la pantalla aparecía un juguete (resultado no posible, 1+1=1) los bebés miraban durante un período de tiempo mayor que cuando aparecían dos juguetes (resultado lógico 1+1=2). Este tipo de experimentos, que se han repetido en numerosas ocasiones, sugieren que los bebés poseen una capacidad innata para el procesamiento numérico. ¿Aprovecha la educación este sentido innato del cerebro para fomentar un aprendizaje adecuado de las matemáticas?

Existen análisis que sugieren que la información numérica puede ser procesada en el cerebro mediante tres sistemas diferentes:

1. Sistema verbal en el que los números se representan mediante palabras. Por ejemplo, cuarenta y tres.

2. Sistema visual en el que los números se representan según una asociación de números arábigos conocidos. Por ejemplo, 43.

3. Sistema cuantitativo no verbal en el que podemos establecer los valores de los números. Por ejemplo, entendemos el significado del número cuarenta y tres generado por cuatro decenas y tres unidades.

Aspectos importantes de aprender matemáticas

1. Creencias previas y factores emocionales

Comentarios típicos como “nunca entendí las matemáticas” o ”no se me dan bien las matemáticas” se han asentado, progresivamente, en la mente de muchos alumnos y recalcan la importancia que tienen las creencias previas y la inteligencia emocional en el aprendizaje.

Fomentar un clima que favorezca las emociones positivas es tan importante o más que la aportación de contenidos puramente académicos.

El rechazo inicial provocado en muchos niños guarda una relación directa, en numerosas ocasiones, con una enseñanza basada en infinidad de cálculos mecánicos que coartan el proceso intelectual creativo del alumno y en una representación de la terminología incomprensible para él.

Ejemplo: Consideremos la resta 8 – 3 = 5. Los adultos podemos asimilar esa situación a una gran variedad de casos prácticos, por ejemplo, si en un recorrido de ocho kilómetros hemos caminado tres nos faltarán otros cinco; si una temperatura inicial de ocho grados desciende tres, la temperatura final será de cinco grados,…El día que se introducen los números negativos y el profesor escribe 3 – 8 = -5, el niño puede tener dificultades para entender el significado del cálculo. En este caso, la temperatura  le puede aportar una imagen intuitiva más eficaz que la distancia (- 5 grados facilita el aprendizaje del concepto, en lugar de -5 kilómetros).

Diferentes estudios parecen demostrar que los seres humanos nacemos con un sentido numérico innato. Según Dehaene4 y Butterworth5, dos de los grandes expertos mundiales en el estudio de las matemáticas y el cerebro, la escuela obstaculiza este desarrollo facilitado, inicialmente, por factores genéticos. Dehaene  cree que la construcción de los conceptos abstractos debe iniciarse con la formulación de ejemplos concretos, con la finalidad de estimular el desarrollo del razonamiento intuitivo del niño. Además, la interacción con la mente del alumno requiere la manipulación de materiales y actividades lúdicas.

El excesivo énfasis en conceptos abstractos, sin utilidad práctica aparente, y la memorización rutinaria de algoritmos perjudica la evolución y motivación del alumno.

Por otra parte, tenemos que intentar presentar contenidos abiertos que faciliten el establecimiento de relaciones y la generación de ideas; así como guiar el proceso del alumno poniendo a su disposición mecanismos de autocorrección que les permitan ser conscientes de sus razonamientos acertados o no. “¿Qué piensas sobre…?” “¿Y esto para que sirve? ” Uno de los grandes problemas de la enseñanza de las  matemáticas (podemos generalizar a todas las materias) está asociado a la impartición de contenidos académicos exentos de toda utilidad y aplicación práctica.

El conocimiento matemático está ligado a nuestro sistema sensoriomotor,  por lo que no sólo pensamos con la ayuda del lenguaje y de los símbolos sino también a través de los sentidos, es decir, las impresiones sensoriales constituyen el carácter multimodal de los conceptos. La enseñanza tradicional del lápiz y papel no permite una conexión duradera con la experiencia sensorial vivida por los alumnos en los primeros años escolares.

Basado en un texto de Jesús C. Guillén

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Educación

La cocina: el lugar perfecto para practicar matemáticas

  • Cocinar con nuestros hijos es un panorama ideal para disfrutar en familia. Lo entretenido es que no solo es un gran momento para conversar y reconocer a nuestros hijos, es también una muy buena experiencia para aprendizajes significativos como los relacionados con  las matemáticas.

Esto es porque para los niños es mucho más fácil aprender con elementos concretos que pensar en abstracto. Nuestros hijos hasta los doce años no tienen suficientemente desarrollada la capacidad de pensar abstractamente y en los colegios por lo general no se trabaja con materiales concretos, por lo que se dificulta notablemente la capacidad de los niños de acercarse a los conceptos matemáticos.

Si nos fijamos bien en los contenidos que se aplican en los primeros ciclos de la enseñanza de la matemática, nos podemos dar cuenta de que se basan en resolver problemas matemáticos, conocer el lenguaje algebraico, geometría y poder representar unidades de medidas.

Si lo pensamos, en nuestra cocina tenemos todo lo necesario para que los niños puedan aprender y además divertirse. Es solo cosa de pensar e improvisar entretenidas dinámicas para las que puedes usar varias cosas de las que puedes encontrar en este lugar:

– Las frutas, verduras y legumbres, pueden ayudar a representar de manera concreta conteo de unidades y agilidad mental.

– Los vasos, jarros y botellas, pueden ayudar a los niños a entender las diferentes unidades de medidas.

– Los distintos elementos de la cocina como cajas, fuentes y potes pueden servir para la geometría.

– Las recetas pueden ayudar a poder realizar distintas ecuaciones matemáticas al relacionar ingredientes con cantidad de personas que comerán.

Lo que debes hacer es relacionar los problemas que se le presentan al niño en la clase con el material disponible, haciendo que el niño vea, toque y en general materialice lo que le están preguntando. Con esto puedes hacer que un problema matemático no sea más un problema, si no más bien un momento para agilizar su mente y divertirse. ¡En todos los rincones, con una buena cuota de creatividad, nuestros hijos pueden encontrar grandes aprendizajes!

 

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¿Cómo estimular a nuestros hijos según su estilo de aprendizaje?

Existen distintos estilos de aprendizaje y es muy importante de que podamos reconocerlos en nuestros hijos para potenciar un aprendizaje más efectivo, entretenido y a la medida de sus gustos y necesidades.

Hoy queremos compartir con ustedes algunos consejos para que podamos estimularlos según lo que necesitan:

Estilo Activo:

  • Enséñale a controlar sus impulsos y a planificar su trabajo.
  • Se sentirá cómodo haciendo tareas que requieran acción, cuando tenga que aprender procura que este activo, que escriba, que hable, que el aprendizaje sea una experiencia completa no solo sentarse a leer, por ejemplo.
  • Déjale que haga descansos, necesita que su mente se detenga un minuto para retomar de mejor forma.
  • Dale la oportunidad de ensayar y comprobar los resultados.
  • No le des todo hecho, deja que lo descubra por si mismo mediante ensayo y error.

Estilo Reflexivo, teórico:

  • Se sienten cómodos con actividades de análisis y reflexión.
  • Son buenos haciendo esquemas y buscando información. Invítalos a hacerlo y enséñales de pequeño cómo pueden trabajar de esta forma.
  • Necesitan entender el porqué de las cosas, responde siempre sus preguntas. Si quieren saber un poco más invítalos a investigar, a buscar en Internet y en libros.
  • Trabajaran a gusto solos, leyendo y buscando información.
  • Es bueno que trabajes con ellos la práctica y la experimentación.
  • Procura que sean creativos.
  • No le des todo hecho, dale la información para que busque, piense, elabore sus contenidos y reflexione.

Estilo Imaginativo:

  • Son creativos por naturaleza.
  • Se sienten a gusto compartiendo y escuchando.
  • Explícales la información, te escucharan e irán imaginándolo en su cabeza, procesando y asimilando esa información. Si puedes, créales historias para que comprendan y visualicen en su imaginación lo que tienen que aprender. En la medida que crecen, invítalos a ellos transformar su aprendizaje en entretenidas historias.
  • Procura actividades donde tengan que imaginar, para aprender historia por ejemplo no les dejes el libro y que simplemente lean.

Estilo Pragmático:

  • Aprenden practicando, serán buenos en las tareas que requieran práctica como las matemáticas.
  • Procura que las tareas sean prácticas y que lleven  la práctica lo que aprenden.
  • En lugar de aprender leyendo búscales actividades, esquemas, resúmenes, trabajos, etc.
  • Deja que experimenten, disfrutarán de ello y construirán un aprendizaje más significativo. Invítalos a crear con lápices, bloques, plasticina es una excelente forma de que retengan lo que han aprendido.

 

 

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¿Cuándo mi hijo debe leer?

Los niños en edad preescolar que leen en forma independiente son la excepción. Estos lectores precoces utilizan palabras claves e imágenes y han aprendido a hacer coincidir letras con sonidos y palabras. Ellos pueden tener lapsos de atención más largos y se han aprendido de memoria algunas palabras de uso frecuente (no así palabras comunes como “y”, “los”, “ella”, y “ahí” que no se pueden aprender a través de imágenes). Si nuestros hijos son lectores precoces, no necesitamos hacer nada más que ofrecerles estímulos y proporcionarle mucho material y ambiente para leer.

En cambio, si nuestros hijos no están en la “vía rápida”, no le demos mayor preocupación. A los 4, muchos niños simplemente no están dispuestos a quedarse quietos y concentrarse en un libro por mucho tiempo. Otros pueden aprender la mecánica de la lectura, pero no están cognitivamente listos para comprender las palabras. La lectura es verdaderamente una de las habilidades que los niños adquieren cuando están realmente bien preparados, no importa lo mucho que nosotros o sus profesores los inciten a hacerlo. De hecho, demasiada insistencia puede dar generar un efecto contrario.

En este momento, es más importante que nuestros hijos se entusiasmen con los libros. Si a ellos les encantan las historias y el lenguaje, ellos mismos empezarán a poner y ordenar los elementos básicos de la lectura a su favor y por su propia iniciativa. Esto ocurre a los 5 años para algunos niños, y a los 6 o 7 para los demás.

Insistimos en el rol fundamental que cumplimos nosotros, los padres, en el proceso de la lectura de nuestros hijos. En los primeros años debemos ser agentes que motiven, inciten y den instancias para que ellos de a poco se vayan encantando.

Pero ojo, tampoco, como dice el texto, debemos ser insistentes ni catetes con el tema. Cada niño tiene sus propios procesos y apurarlos puede ser un error. Hagamos de la lectura un hábito divertido, que se comparte en familia y que se disfruta en su esencia.

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