Ale, Columnas

La tranquilidad de haber tomado una buena decisión por @Alepolig

Mother and Daughter

Cuando comienza a llegar fin de año muchas veces nos ponemos a mirar hacia atrás y a hacer un recuento de todo lo que hemos vivido, de todo lo que nos ha sucedido, de las decisiones que hemos tomado y como éstas han afectado nuestra vida.

Hoy miro hacia atrás y me siento tranquila de haber tomado las decisiones más trascendentales de manera correcta. El día a día y todo lo que ha sucedido me ha ido demostrando que, pese a todas las aprehensiones que pude haber tenido, el colegio elegido para que mis hijos empezaran su vida escolar, ha sido la correcta.

Pero creo que no todo parte ahí. ¿Saben? Creo que la mejor decisión que pudimos tomar con mi marido fue elegir un jardín infantil realmente espectacular. Que se preocupa del desarrollo de los niños en todo sentido, pero más que enseñar cosas teóricas o prácticas, les enseña a pararse en la vida, a disfrutar los amigos y a respetar a los otros.

Eso es fundamental al momento de llegar al colegio. Un mundo nuevo y desconocido, tanto para los niños como para nosotros. Porque por mucho que seas ex alumno, el mundo ha cambiado tanto que las cosas suelen tomar otros rumbos que como los dejamos.

El paso del jardín al colegio es un cambio radical. Desde la vestimenta hasta la forma de relacionarse con las tías. Tenemos la inmensa fortuna de contar hoy con dos tías del colegio de mi hija mayor que sencillamente son un lujo. Amables, cariñosas, preocupadas, excelentes profesionales, apasionadas en lo que hacen y siempre dispuestas a darte una mano y ayudar a los niños y a los papás.

Les quiero contar esto porque para muchas ahora se viene la postulación para pre kínder 2014. Un mundo totalmente loco, en el que los exámenes de admisión, las entrevistas, los formularios y miles de papeles se vuelven parte de la rutina de la familia completa. Pasa a ser un tema recurrente y comienza el estrés del “quedaré o no quedaré”.

A través de mi experiencia, les puedo decir que los nervios son parte natural de un proceso que no es menor. Pero debemos ser conscientes de que todo ese estrés que nosotros vivimos, de un modo u otro, se lo traspasamos a nuestros hijos. Les damos una presión innecesaria y una carga emocional muy potente.

Debemos intentar no poner nuestras expectativas en ellos. Sobre todo, pensando en que la vida tiene tantos giros, que puede que el día de mañana igual los tengamos que cambiar por una que otra razón. Una vez alguien me dijo “hay colegios para niños y niños para colegios”. Es su momento no le tomé el peso, hoy me hace todo el sentido.

Lo fundamental es escoger de acuerdo a la formación que queremos que ellos tengan. No podemos obviar el hecho de que pasan la mayor parte del día ahí. Si queremos que sea católico o no, que tenga buen deporte, inglés, que valores entrega, en fin, todo lo que queramos entregarles a ellos.

Pero lo más importante es ir dándonos cuenta, con el pasar del tiempo, de que tomamos la decisión correcta. De qué lo que esperábamos de esa institución que elegimos para que eduquen a nuestros hijos, vaya superando nuestras expectativas. De que nuestros hijos se vean felices y disfrutando cada momento vivido. Que vayan acumulando experiencias y conocimientos como una esponjita. Los primeros años son el cimiento de lo que será la vida escolar completa. Puede definir toda la experiencia.

Hoy espero que mis hijos disfruten su etapa escolar (mi hijo pequeño postula ahora en marzo), de que sean felices, de que tengan amigos y aprendan el valor de la amistad desde pequeños. Que vayan formando un criterio frente a la vida, que vayan adquiriendo conocimientos que los lleven a tomar las mejores decisiones y que, finalmente, lo que más espero, es que lleguen a mi edad con sus amigos de colegio. Al igual que yo lo he hecho.

¿Saben por qué? Simplemente porque los amigos son los hermanos de la vida, son las personas que nosotros escogimos para que nos acompañen y porque sin ellos la vida sería más difícil.

Hoy me siento tranquila con las decisiones que he tomado para mis hijos. Pero tampoco me cierro a la posibilidad de tener que cambiarlos en algún momento. Tenemos que estar tranquilas y decidir con la cabeza, pero con el corazón al lado.

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Ale, Columnas

Criar con amor, apego, respeto y colecho por @Alepolig

crianza apego

Estamos todas de acuerdo que la maternidad es el acto de amor más generoso que podemos vivir las mujeres. Es en esa experiencia para toda la vida que conocemos el amor más infinito que se pueda sentir y ese amor lo debemos transmitir en todo lo que hacemos.

¿Por qué parto con esta reflexión? Sencillamente porque a medida que pasa el tiempo, más me doy cuenta de que debemos aprovechar cada instante, cada minuto, cada segundo de nuestros hijos. La vida pasa tan rápido y cada vez más, esas instancias para estar juntos, se van haciendo más escasas.

El fin de semana recién pasado, asistí a una charla de Ibone Olza, Psiquiatra Infanto Juvenil y que gracias a Nacimiento y Crianza nos habló de un tema fantástico. La charla se llamaba “Apego y desarrollo cerebral: como el amor moldea el cerebro”. Simplemente, escucharla fue una maravilla, porque muchas cosas que creemos que sabemos, no son ni cerca de la realidad que pasa en ese maravilloso acto que es el parto y la maternidad.

No podemos dejar de pensar nunca que el rol de la madre es esencial para la supervivencia de nuestro hijo. En ese sentido, y recordando todo el rato lo que dijo Ibone, los mamíferos son tan sabios. Están con sus crías hasta que ellas ya se pueden cuidar solas, las amamantan hasta que ellas ya son capaces de buscar su propio alimento. La naturaleza habla siempre y es cosa de los humanos intentar nadar contra esa corriente.

En la crianza de mis hijos, muchas veces me dejé llevar por esos consejos que creía harían que ellos estuvieran mejor. Sobre todo con la primera, que hasta el libro “Duérmete niño” me leí pensando que podría “hacer mi vida un poco más fácil”.

¡Qué pensamiento más egoísta! Hoy me doy cuenta de que al momento de decidir ser madre, dejé de pensar sólo en mi para comenzar a pensar en dos o en tres o en los hijos que decidiera tener. No hay nada mejor que poder disfrutar a nuestros hijos en todas sus etapas y de fomentar un desarrollo total de ellos: emocional, físico y en todos los aspectos.

Los humanos, todos nosotros, venimos preparados para dormir acompañados. Desde el principio de la historia que ha sido así y no debemos ir en contra de eso. Ellos son tan pequeños y frágiles, necesitan de nuestra atención a cada momento y debemos internalizarlo en nuestras mentes.

Somos nosotras las que debemos demostrarle al mundo el acto de amor que es el parto, debemos disfrutar nuestro momento de lactancia, debemos fomentar el apego con nuestros hijos siempre y a cada momento. El apego no sólo se da lactando, el apego también se da en el contacto piel con piel, en saber que tu hijo te siente a cada momento, es mirarse a los ojos y ver el verdadero amor.

El momento del parto debe ser único para cada una de nosotras. No comparemos ni miremos al lado. Como dijo Ibone, el parto es un momento sexual, ya que en éste se liberan las mismas hormonas que cuando hacemos el amor. Es por eso, que debe ser íntimo, tranquilo, como lo planifiquemos, donde nuestro ginecólogo conozca lo que esperamos de ese momento, que nuestra matrona nos acompañe, que nuestro hijo nazca tranquilo y que inmediatamente tengamos ese contacto piel con piel como lo esperamos durante nueve meses. Ahora, obviamente tomando en cuenta siempre los factores médicos que rodean ese momento y nunca exponiendo más de la cuenta  a nuestro pequeño.

Mi invitación es a disfrutar cada momento de la vida de nuestros hijos, como ya les dije al principio, el tiempo pasa tan rápido y el único regalo que les podemos entregar para siempre es amor. Que se sientan protegidos y amados cuando niños, podrá marcar su futuro. Si duermen con nosotros, en algún momento de su pequeña vida ellos solos tomarán la decisión de irse a su cama. Que cada vez que despierten, vean en nuestros ojos amor, cariño y protección. Eso, les aseguro, nunca lo olvidarán.

No nos rijamos por lo que otros dicen, rijámonos por lo que nuestro instinto y la naturaleza nos a enseñado a lo largo de millones de años. Ser madre es un regalo único que debemos respetar y mejorar en la medida que vayamos teniendo más experiencia. Ninguna de nosotras nació sabiendo ser madre, pero hemos ido aprendiendo y creciendo con nuestros hijos. Ellos también nos van guiando y enseñando, para finalmente, formar ese círculo de amor eterno.

Además, gracias a una crianza de amor, le estamos regalando también un desarrollo más tranquilo, donde su cuerpo y su mente se puede ir formando bajo ese concepto, donde su seguridad se verá reafirmada y donde encontrará todas las herramientas que necesita para enfrentar la vida.

Pero la crianza también debe ser respetuosa. Sí, respetar las necesidades de nuestros hijos, respetar sus momentos de aprendizaje, sus momentos de amor, sus momentos de vida. Si ya sabemos que cada niño tiene sus tiempos y sus necesidades específicas, no seamos nosotras las que ponemos un freno a ese desarrollo, a esas necesidades y a que ellos disfruten de nuestro amor tranquilos.

Para finalizar, les quiero dejar una frase que nos dejó Ibone en su charla y que, cada vez que la leo, la encuentro más cierta “Es en la infancia cuando aprendemos a amar” (J. Bowly).

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Yo también fui (y soy) una fans por @Alepolig

fans

Cada vez que viene un cantante de moda, cada vez que veo a esas niñitas gritando y corriendo detrás de algún auto por las calles de Santiago, siento que es posible que esté viviendo un viaje a mi pasado.

Sí, porque no puedo negar que yo fui una fans de esas que corrían al lado del auto, de esas que lloraban por ver aunque sea un dedo de tu artista, de esas que llegaba al estadio muchísimas horas antes de que empezara el concierto.

No puedo más que sentir empatía por esas niñitas que hoy lloran por Justin Bieber u One Direction. No las juzgo en lo más absoluto porque de cierta manera me siento reflejada en ellas. Pero ellas tienen algo mejor que mi generación: a ellas no les importa nada, sólo les importa ver a su artista y hacen lo que sea por lograrlo.

Claro, porque yo soy de una generación completamente distinta, que si bien estabas dispuesta a hacerlo todo por ver a tu artista favorito, estabas más bien sola en ello. A lo más ibas con alguna amiga pero nada más. Hoy, gracias a la hiperconexión en la que vivimos, las niñas son capaces de mover masas, instalar temas de conversación, de cortar calles y de organizarse como si todas las fanáticas de alguien fueran miembros del mismo fans club,

Algunos podrán decir que es una exageración tanto alboroto por un artista, pero eso ha sido así a lo largo de la historia y no tenemos porqué juzgarlo. Sólo basta ver imágenes de las fans de Elvis Presley o The Beatles para darnos cuenta que esto está instalado en la sociedad mundial por muchos años.

¿Si nosotros que nos morimos por ver a nuestra banda favorita somos capaces de pagar altas sumas de dinero por ir a verlos, de llegar temprano para tener la mejor posición y de instalarlo como nuestro tema de conversación por semana, le vamos a pedir a las adolescentes que no lo hagan?

Lo importante es ser capaces de ponernos en el lugar de ellas, de pensar con sus mentes y de guiarlas a través de ciertas experiencias. Obvio que no debemos permitir la locura extrema, pero sí debemos dejar que vivan sus emociones, que griten a mares y que disfruten cada momento de ese fanatismo. ¿Por qué? Porque cuando crezcan tendrán una experiencia única, se sentirán identificadas con algo y tendrán mil y una historias que compartir con sus amigas y con sus hijos/as.

El fanatismo no es malo, pero tampoco debe ser exagerado. Debemos estar atentas a las conductas que se presenten, observar sus comportamientos e intentar acompañarlas a todo lo que sea posible, porque eso es imborrable, porque sientes que tu mamá y papá te bancan hasta el final, porque te vuelves parte de su mundo.

Lo anterior se los digo por experiencia. Y porque hasta el día de hoy me juego la vida por ir a ver a mi cantante favorito, porque hasta el día de hoy canto a todo pulmón y me emociono al escucharlo. Simplemente, porque hasta el día de hoy es algo que me une con tantas personas como mi mamá, mis amigas y mi marido (aunque no lo crean).

 

 

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La importancia de mirar a los ojos por @Alepolig

mirando_a_los_ojos

“Los ojos son el punto donde se mezclan alma y cuerpo.”

Hebbel, Friedrich Christian

Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Son los que nos delatan frente a otros. No podemos ocultar nuestros sentimientos y es a través de ellos que podemos abrir una ventana para que nos conozcan.

¿Cómo es eso posible? Simple. Un niño no puede esconder su inocencia a través de sus ojitos. Una persona enamorada, no puede ocultar su amor por el otro. Cuando alguien le hace mal a otro, es a través de los ojos que se refleja toda la rabia. Los ojos son nuestro espejo y siempre vamos a intentar que el reflejo que recibamos, sea esa mirada que esperamos.

¿Por qué quiero dedicar mi columna a la importancia de mirar a los ojos? Durante este fin de semana largo, leí un libro que simplemente me dejó conmovida. “Mírame a los ojos” más que ser una obra de la literatura, es una obra de como uno puede elegir vivir en la vida. Es una obra de superación y es un espejo para conocer el alma de Alberto Vega, actor chileno que sufrió un accidente en bicicleta que lo dejó con un daño cerebral tan severo, que quedo sin habla y sin movimiento, algo que se conoce “síndrome de cautiverio”.

Pese a todo, Alberto decidió continuar con su vida. Eligió vivir y es a través de sus propios ojos que nos va contando su historia. ¿Cuál es la gracia de este libro? Es que Alberto lo escribe con sus ojos, gracias a My Tobii, un equipo computacional que le ayuda a escribir en una pantalla gracias al movimiento de sus ojos.

Lo más soprendente no es lo maravilloso de la tecnología que se utiliza, sino que es la constancia y la esperanza de los seres humanos por seguir viviendo. Es aferrarse a lo que sea posible, para continuar viviendo, es tomar decisiones fundamentales y no ahogarse en pequeñeces.

“Mírame a los ojos” no es un libro que hable de autocompasión, de recriminaciones, de lamentos ni de quejas. Es todo lo contrario. Es mostrarnos que la forma en que vivamos, es nuestra decisión.

Un libro escrito con los ojos es más de lo que estamos acostumbrados a escuchar. Pero cuando, a través de su lectura, vamos viendo una historia, sentimientos, triunfos y decepciones, pruebas y superaciones, te vas dando cuenta que finalmente, los ojos sí son el reflejo del alma. Y que a través de ellos, podemos conocer el alma.

La frase con la que comienzo esta columna, creo que refleja perfectamente lo que quiero decir a través de mis palabras.

Las invito a todas a leer “Mírame a los ojos” de Alberto Vega, como leí por ahí, es un canto a la vida, a la esperanza y a la elección más importante que tomar: elegir vivir, pese a todo lo que podamos estar pasando.

Para finalizar, les dejo un párrafo que demuestra que la vida es una sucesión de pruebas interminables, pero que podemos superar y seguir viviendo:

“Me operaron en la clínica UC, de San Carlos de Apoquindo. Luego, me trasladaron al hospital clínico de Marcoleta. Cuando “volví” no tenía voz ni movimientos. Soy actor: me quitaron mis instrumentos”.

“Ahora con mi mujer hacemos lindos paseos en auto: vamos a misa a la Iglesia Los Benedictinos donde ella canta y toca guitarra…”

 

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A dos semanas de las elecciones y estoy indecisa @Alepolig

indecisa

Estamos a dos semanas de una nueva jornada de elecciones presidenciales en nuestro país. Y es la primera vez que realmente no sé por quién votar. Pero no sé, porque encuentro que hoy los políticos, y la política, se han vuelto un chiste. Simplemente, hoy representan fuerzas dominantes que tratan de aplastarse unos con otros.

Probablemente, toda la vida a sido pero hoy es que recién le tomo el peso. De verdad lo encuentro desconcertante. Ya no importa si son de izquierda, centro o derecha. Están todos disparando al aire, acusándose de manera casi infantil, sacándose trapitos al sol, discutiendo y haciendo cualquier promesa de campaña con tal de ganar.

Son todos y cada uno de ellos unos vende humo. Sí, porque mientras unos se descueran sacándose cosas del pasado, los otros prometen una utopía de país que difícilmente será capaz de lograr en cuatro años de gobierno.

Y frente a este escenario, estamos nosotros. Estoy casi segura que la mayoría tienen su voto listo. Ya sea por tendencia política o por afinidad. Pero, creo que hay una proporción no menor de gente que está al medio. Hoy mi decisión no pasa por un partido político, no pasa por la derecha o por la izquierda, no pasa por el centro o no pasa por si fue o no fue presidente ya.

Los políticos y sus partidos han estado siempre acostumbrados a dirigirse a la comunidad desde arriba, desde sus cargos públicos y no escuchando lo que la sociedad está pidiendo, olvidando por completo que es la comunidad la que los legitima en sus cargos haciendo ejercicio de su voto y empoderándolos con su poder.

Ya en una columna anterior hice la declaración de que yo soy APOLÍTICA y sigo firme en mi postura. Sigo pensando en que nadie me representa. Porque nadie busca más que su beneficio personal. Porque el poder los tiene enceguecidos. Porque son ellos los que nos tiran hacia el pasado.

Y hoy, más me cargan sencillamente por su horrorosa propagando política que adorna nuestras calles. Caras y caras de políticos sonrientes prometiendo el oro y el moro para ganar un voto. ¿Es posible que, hoy, en pleno Siglo XXI, ese sea un recurso válido? ¿Es posible que muchos de ellos gasten enormes cifras de dinero para no conseguir nada? ¿Es posible que se entreguen 40 minutos de tiempo televisivo para que digan promesas que ni siquiera saben si son capaces de cumplir?

Hoy creo que debe haber un cambio de switch. Los políticos deben estar concientes de que se enfrentan a una sociedad 2.0 o incluso 3.0. La tecnología es parte de la sociedad. Pasamos conectados en nuestros teléfonos o tablets todo el rato. Entonces vuelvo a insistir con que los carteles horrendos son parte del pasado.

Sigo firme en mi postura de declararme APOLÍTICA pero siento un deber y una responsabilidad de ir a votar para poder opinar y para poder poner estos temas sobre la mesa. La verdad, sigo indecisa y creo que lo estaré incluso cuando tenga el voto en mi mano. Pero valdrá la pena ir hasta allá para manifestarme de alguna manera: por algún candidato, nulo o en blanco. En el fondo, todas esas formas representan un sentimiento.

Mi invitación es a votar en estas elecciones. A votar como lo estimes conveniente, pero a manifestarte de alguna manera, ya que esa es la única manera de sentir que tu voz cuenta, de que si algo pasa tu no estuviste (o sí) de acuerdo. Es la única forma, finalmente, de poder defender nuestros propios pensamientos y nuestras propias preferencias. Nadie sabrá que hicimos en el voto, sólo nosotras.

 

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Cada pequeño logro, una final del mundo por @Alepolig

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Mi hijo de tres años me está tapando la boca. Aunque no lo crean, es cierto. He cometido el error de estigmatizarlo frente al resto diciendo que por ser el segundo es menos estimulado, ha recibido menos atención, que porque es niño es más regalón (y por ende mamón) y un montón de etiquetas que podría nombrarles.

Pero hoy, me ha dado la mejor lección de mi vida. Sí, con todas sus letras me ha demostrado que todas esas etiquetas que dije o simplemente pensé, no sirven de nada. Hoy me demostró, una vez más, que es lo máximo. Hoy, después de solo tres días ya ha controlado su pipí y avisa cada vez que quiere.

Me siento la mamá más orgullosa del mundo. Cada pequeño logro de ese niñito, es una vida de felicidad para mí. Cada celebración de mi hija mayor por su hermanito, me da la certeza de que no lo he hecho tan mal. Obvio que me puedo haber (y me seguiré) equivocando en muchas cosas, pero de lo que estoy segura es que estoy criando niños seguros, felices y capaces de enfrentar este mundo.

Pero tengo miedo. ¿Saben por qué? Anoche estaba viendo el programa de Viñuela (Vitamina V) y estaban entrevistando a la mamá de Daniel Zamudio, que entrego un testimonio desgarrador del sufrimiento de su hijo frente a tres sujetos desquiciados, enloquecidos, fuera de control y movidos por la maldad, el odio y la discriminación. Fue espantoso y pude ver a través de los ojos de ella, el dolor eterno de la pérdida de un hijo. El dolor eterno de pensar en cómo pudo pasar una cosa así. El dolor eterno de no ver a tu hijo feliz.

Y fue en ese momento que me dio miedo. Me dio miedo este mundo sin corazón, sin sentimientos donde ocurren cosas como esas. En un mundo que no es capaz de aceptar, de convivir y de respetar a sus pares. En un mundo, que estoy segura, Dios no quiere para nosotros y yo no quiero para mis hijos.

Hoy me siento orgullosa de mis hijos. De sus pequeños logros y de celebrarlos como si fueran una final del mundo. Me siento tan llena de felicidad que mis ojos van a explotar de lagrimas y mi corazón de amor. Y en ese momento, también se va el miedo, porque si bien el mundo no va a cambiar, estoy segura de que mis hijos serán felices en él. Simplemente, porque hoy tienen herramientas que mi marido y yo les hemos entregado. Intentamos no pintar un mundo de color que no existe y decirles la verdad (adecuada para ellos y su edad) de la mejor manera posible.

Hoy mi invitación es simple. Es a mirar a nuestros hijos y sentirnos orgullosas de cada uno de ellos. Es a no subestimarlos en nada. Es a entregarles amor infinito en cada mirada. Es a enseñarles a enfrentar el mundo. Es a dejarlos disfrutar su niñez (que cada vez es más corta). Es a respetar los tiempos de cada. Es a no etiquetarlos y a disfrutarlos como el primer día.

 

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La vida no sería la misma sin los hermanos @Alepolig

hermanos II

Los hermanos no necesitan palabras, ellos han perfeccionado un lenguaje de guiños, sonrisas, ceños fruncidos y expresiones sorpresa, que pueden socavar cualquier cuento que les estés contando.

La vida sencillamente no sería la misma sin los hermanos. Es imposible no mirar hacia atrás y no ver que en cada recuerdo de mi vida, están presentes mis hermanos. Pues sí, aunque tengo tres y son hombres, son por lejos los mejores amigos que puedo tener en la vida.

Bueno, es por eso que pensando en que escribir hoy, me di cuenta de que no le había dedicado unas líneas a mis queridos hermanos. La historia no es fácil, pues desde que nací convivir con puros hombres no ha sido nada de fácil.

Pero a pesar de todo, de las peleas, los gritos, los enojos, las bromas, las encerronas y todos los etcéteras que se puedan imaginar, mi vida no sería la misma si no los tuviera a mi lado.

Los hermanos son los amigos que nos entrega la vida. Son nuestros guías, son la memoria compartida de miles de recuerdos, son confidentes, son amigos y son, también, el blanco de nuestras peleas y discusiones. Pero, es gracias a ellas, que nos vamos forjando hacia el futuro.

Desde mi punto de vista, la vida no sería lo mismo sin esas peleas, esos llantos descontrolados e uno frente al otro, esas risas a escondidas por la noche, esas escapadas de cama en cama, esa forma de encontrar cariño y amor de tan diversas maneras que día a día te sorprenden.

Porque claro, si ya les hemos dicho tantas veces, todos los niños son un mundo distinto, también lo son los hermanos.  Cuando somos chicos, pretendemos que se comporten de la manera que esperamos. Y claro, como los míos eran hombres, yo esperaba que jueguen conmigo a las Barbies, cosa que claramente no sucedió y cuando pasó, más de alguna fue decapitada.

Pero aprendí a vivir con ellos, a disfrutar sus juegos, a compartir con ellos sus momentos y ellos los míos. Y desde ahí, hemos forjado una linda amistad.

Hoy todos tenemos caminos distintos, todos hemos cambiado, madurado. Hemos llorado y hemos reído pero hay algo que ha quedado intacto a través del tiempo: el amor del uno por el otro, la complicidad de las cosas hechas cuando pequeños, las historias que repetimos una y mil veces, saber que somos familia ante todo y comprender al otro con sus defectos y virtudes.

Estoy orgullosa de cada uno de ellos. De sus logros y de sus alegrías. He llorado sus problemas y sus preocupaciones han sido parte de mi corazón también. Y eso nos hace inseparables. ¿Por qué? Porque a estas alturas de la vida, puedo tener la certeza que conozco a cada uno de ellos, que acepto sus defectos y valoro sus virtudes.

Cuando somos más chicos las diferencias son demasiado grandes, pero a medida que vamos creciendo eso va desapareciendo y la vida va dando paso a una relación sólida de amistad, hermandad y cariño.

Las invito hoy a abrazar a sus hermanos, a quererlos con sus defectos y virtudes y a encontrar en ellos a esos amigos entrañables y de toda la vida. Y si no los tienes, de seguro tienes amigos/as, primos/as y compañeros de vida que son tan importantes también. A disfrutarlos en cada momento y decirles siempre, cuánto los queremos.

 

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¡Basta de extremos, por favor! por @Alepolig

balanza

Creo, sin temor a equivocarme, que todas hemos escuchado el dicho que dice lo siguiente: “todos los extremos son malos”, pero que, sin embargo, continúan existiendo, y en todo orden de cosas.

Sí, porque no me refiero a una postura política o a algún discurso en particular. Hoy quiero ir más allá. Hoy quiero enfocarlo en cualquier etapa de la vida, en cualquier persona, para cualquier aspecto.

Personalmente, no creo en los extremos. Prefiero pensar en que existe un equilibrio que entrega la estabilidad suficiente para afrontar distintos tipos de situaciones, que en varias ocasiones pueden ser bastantes límites, pero que finalmente sorteamos gracias a la experiencia y al instinto.

Les quiero contar algo que me paso desde que estamos con este lindo proyecto de Mamá 2punto0. Desde que partimos con la Memé, hemos tenido que leer mucho, entender, estudiar y comenzar a transmitir todos los conocimientos que vamos adquiriendo.

He leído innumerables blogs, notas, artículos y estudios sobre distintos temas relacionados con la maternidad, los niños, las relaciones personales, en fin, de todos los contenidos que día a día les entregamos.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque me he encontrado con posturas súper radicales sobre temas que envuelven la maternidad. Pueden que ustedes no me encuentren razón, pero creo que es la instancia también de abrir una puerta al debate y la conversación, donde podamos intercambiar ideas y posturas.

No voy a dar nombres ni nada porque no me compete. Yo sólo quiero dejarles mi opinión frente a este tema en particular, que es la lactancia. Antes que todo, les aclaro que yo soy pro lactancia, tuve la bendición de poder darles alrededor de 7 meses leche a mis hijos y personalmente siento que fue una experiencia linda e enriquecedora. Pero acá va mi primer cuestionamientos ¿No dar papa, te hace una madre menos presente?

Creo que la respuesta es absoluta y rotundamente no. ¿Por qué hago este cuestionamiento? Porque he leído muchas posturas frente al apego, a ser parte de la crianza de los niños, a la lactancia y la maternidad donde se cuestiona muchísimo ese tema.

La lactancia tiene innumerables beneficios para nuestros hijos, y creo que eso no tiene duda alguna, pero muchas veces te hacen ver que si, por ejemplo, dejas de dar papa por tener que volver a trabajar, estas coartando el apego y la salud de tu hijo. No es así, y no lo es en lo absoluto.

El apego para mi es mucho más que dar papa. El apego es dar amor en cada mirada, es dar una palabra de cariño todos los días por el resto de la vida de nuestros hijos. Es mirarlos y entenderlos a cada uno de ellos en su individualidad. Es comprender cada mundito interior que día a día crece. Es entregar apoyo y amor incondicional. Es entregarles las herramientas para enfrentar a un mundo cada día más complejo. Es ayudarlos a levantarse cuando se caen y es celebrar con ellos alegrías y triunfos.

Ser madre es una bendición infinita que no está supeditado exclusivamente al acto de la lactancia o de estar en casa 24/7 para su crianza. Para criar hijos felices, también debemos ser mujeres felices y plenas. Y cada una de nosotras lo es de una manera totalmente distinta.

Algunas tienen que trabajar para apoyar económicamente en la casa. Otras lo hacen para tener un desarrollo profesional importante. Unas son padre y madre por lo tanto, debe trabajar más. Otras trabajan medio día o lo hacen desde la casa. Otras, están dedicadas sólo a la crianza. Pero ¿Qué tenemos en común todas estas madres? Que amamos a nuestros hijos y que todo lo que hacemos, sea lo que sea, es pensando en su futuro, en su bienestar, en entregarlos lo mejor en cada momento.

Podemos equivocarnos, y de seguro lo haremos, porque un manual para ser la mamá perfecta no existe. Sólo existe nuestro instinto que nos guía. Nuestra intuición que nos muestra el camino y nuestro amor que nos da las directrices.

Amigas, la invitación que les hago hoy es a dejar los extremos para buscar, y ojalá encontrar, ese equilibrio que nos dará tranquilidad. No nos cuestionemos por nuestras decisiones. En el fondo de nuestro corazón, tenemos claro que todo lo que hacemos, es pensando en ellos. Lo importante es disfrutarlos en cada momento: si damos papa, conectarnos con ellos; si damos mamadera, también hacerlo; si jugamos con ellos, estar ahí al 100%. En fin, en cada cosa que hacemos, estar realmente ahí para ellos, es el mejor apego que les podemos entregar.

No existe la fórmula perfecta. Sólo el amor perfecto e infinito. Y ese amor, es nuestra mejor guía.

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¡Mi mejor 18! por @Alepolig

Fiestas_Patrias

Hoy comienza el que para mí, es el mejor feriado de todos. Fiestas Patrias hace que todos y cada uno de nosotros nos sintamos felices, con ganas de celebrar, con ganas de compartir con la familia y amigos.

Bueno, la vida no pasa en balde y ya a estar alturas, las celebraciones se resumen a actividades con los niños, durante el día y a ciertos asados elegidos casi que con pinza.

Pero antes, era una verdadera maratón de eventos y asados. Fuera de Santiago, en Santiago, la verdad es que daba lo mismo. Lo importante era juntarnos y pasar un momento de total alegría entre amigos y familia.

Pero lejos, lejos, lejos fue el 18 que pase en la gira de estudios. Era el año 98´ y prácticamente todo el curso partíamos en un viaje que se convertiría en inolvidable. La ilusión de viajar juntas, recorrer distintos lugares y de disfrutar de 10 días exclusivamente para nosotras.

No sé como describir lo bien que lo pasamos. Todas juntas de un lado a otro y compartiendo experiencias increíbles. No era sólo para estar con tus más amigas, fue un momento de conocerlas a todas en el día a día, de darnos cuenta de que a pesar de cualquier cosa, éramos un curso muy unido.

Anécdotas hay miles y estoy segura que serán parte de nuestro inventario por el resto de nuestras vidas (como ya lo ha sido desde ese momento). Pese a todas las restricciones que intentaron ponernos las profes que nos acompañaron, logramos salir victoriosas de cada una de ellas. ¿Por qué? Porque simplemente el viaje de estudios nos sirvió para darnos cuenta de que hay experiencias que hay que vivir a concho, de que los momentos hay que disfrutarlos al máximo y de que la amistad es demasiado importante para la vida.

Hoy, 16 años después de ese mágico 18 de septiembre en Brasil me doy cuenta de que lejos han sido las mejores fiestas patrias de he pasado. No sólo por la experiencia que significa el viaje de estudio, sino por haberlo disfrutado con amigas, a la distancia y solas, donde todos los sentimientos se vuelven más profundos y más sinceros.

La invitación que hoy les hago es a disfrutar el 18 al máximo, pero con cuidado y con mesura. No nos olvidemos nunca que todos los extremos son malos y que lo importante es tener lindos recuerdos de cada momento vivido para poder compartirlos con nuestros hijos y amigos cada vez que se de el instante.

Hoy leí un tuit que decía algo más a o menos así: “durante estas fiestas, tengo el 50% de mi vida protegida porque me cuido yo. El otro 50% depende de otro y ese no lo podemos controlar”. No seamos irresponsables, porque no es sólo nuestra vida la que ponemos en riesgo si cometemos locuras, es la de los otros también. No podemos ser así de egoístas.

Tengamos ojo con nuestros hijos y nos los dejemos nunca de observar. ¡Qué este 18 sea una fiesta de alegría! Y que sea inolvidable para cada una de ustedes, como lo fue mi mejor 18 de septiembre en mi viaje de estudios.

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Se acerca el 18 y aparece el miedo escénico por @Alepolig

bandera chile

Cuando era chica, para mi celebrar el 18 era todo un acontecimiento. Me encantaba las representaciones, bailar cueca (aunque fuera vestida de huaso, colegio de puras mujeres) y poder estar lo máximo posible en actividades relacionadas.

Mi hija está igual. En llamas esperando su “vals chilote” en el colegio. La ansiedad se la come y ya cree que hasta el jueves es demasiado tiempo de espera. En cambio, el más chico no quiere saber de bailes, fiestas, vestimenta. Por él, ojalá pudiera quedarse en la casa tranquilo. Si hasta el día de hoy, se asoman sus pucheros al momento de dejarlo en el jardín.

Puede que los hombres sean más mamones y las niñitas más independientes. Esa suele ser una típica etiqueta que vamos poniendo en muchos aspectos de la vida de nuestros hijos: quién habla primero, quién camina primera, va al baño, llora o no en el jardín o colegio y así sucesivamente mientras van creciendo.

Pero la verdad es que no es así. Como ya les hemos dicho en muchas ocasiones, todos los niños son distintos unos de otros. A unos les cuesta más a otros menos.

¿A qué voy con esta reflexión? Que con la llegada de septiembre, llegan también las representaciones en jardines y colegios donde los niños se ven expuestos a tener que bailar, hablar o cantar frente a personas que nunca han visto. Y, junto con lo anterior, tienen que sostener las expectativas de profesores y papas que esperan que lo haga “espectacular”.

Obvio que en ese preciso momento aparece el pánico escénico. Mirar a un público que te aplaude, te mira y se enfoca en ti 100% no es algo menor y es nuestro deber, en ese preciso momento, ser empáticos con sus sentimientos.

No depositemos nuestras expectativas de personalidad esperada de nuestros hijos en sus presentaciones escolares. Dejémoslos que lo hagan tranquilo y que salga como salga. Reafirmemos su seguridad aplaudiendo a rabiar aunque no haga absolutamente nada, porque ya el simple hecho de estar paraditos ahí, es un tremendo logro.

Vivamos este momento con ellos, aunque sea la presentación número 15 que hayamos que tenido que ir a ver al colegio. No importa, lo que importa realmente es que ellos cuando salgan al escenario nos vean radiantes y llenos de orgullo por verlos ahí. Que encuentren en nuestros ojos esa calma necesaria para hacer lo que tienen que hacer.

No nos enojemos si lloran, y probablemente el mío lo haga, porque con eso sólo vamos a lograr que su inseguridad vaya cobrando mayor importancia. Reforcemos sus aspectos positivos, utilicemos frases tan hermosas como “para mi eres el mejor”, “te felicito, lo hiciste tan lindo” o simplemente “no sabes cuánto te amo”.

La invitación es a acompañar en cada etapa a nuestros hijos y entender a cada uno de ellos en su personalidad y forma de ser. No los comparemos unos con otros porque lo único que vamos a lograr es etiquetarlos de tal manera, que crecerán pensando en eso y sus decisiones irán basadas en esas etiquetas.

Hoy miro a mis hijos y los entiendo a cada uno en su forma de ser e intento desde ahí entregarles lo mejor. He ido creciendo con ellos y ellos me van enseñando tantas cosas en su día a día. Y son esas las mejores herramientas que puedo tener.

Les dejo una reflexión que escuché en una charla a la que fui hace poco. No hay ninguna receta 100% cierta para la crianza. Eso lo va dando nuestro propio instinto de madre y el amor por nuestros hijos.

Me quedo con que de lo único que estoy segura que hago excelente, que es entregarles todo el amor que tengo. De apapacharlos cuando tienen pena, de reír con ellos y de disfrutar cada pequeño logro con todo. Así, ellos crecen tranquilos y confiados, seguros de sí mismos y mirando el futuro con tranquilidad.

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