¡A vivir la vida con pasión! por @rodrigo_robles

vida con pasion

Cada día me convenzo más de que la vida hay que vivirla a concho. Disfrutar cada momento como si fuera el último y así, empezar a disfrutar con cada pequeño instante, a reír con cada sorpresa nueva de nuestros hijos, a gritar los goles de la liga como si fueran una final del mundo, a conversar con nuestros papás y a encontrar momentos mágicos con nuestra pareja.

La palabra pasión es una de mis favoritas porque es una palabra que no sólo se escribe sino que se siente. El sentimiento es lo que toca el alma, el corazón, la fibra como también se le llama. Muchas veces es difícil ponerle pasión a todas las cosas que hacemos en nuestro día a día. La pega puede que no sea la que soñamos, puede que la rutina nos esté consumiendo o simplemente estemos tan cansados que perdimos esa capacidad de disfrutar cada momento.

Pero cada vez que nos pongamos o sintamos así, tratemos de pensar en lo que realmente nos apasiona: estar con nuestra pareja, ir al parque con nuestros hijos, ir al estadio y gritar con el alma, nuestro equipo de fútbol, en fin, todo lo que nos motive y pongámoslo delante de ese mal pensamiento o esa sensación extraña que nos perturba.

Pensemos que cada día es una final de un partido de fútbol donde tenemos que dar el 100% para llegar a la meta, que para cada uno puede ser distinta y sobre la base de lo que queremos. Seamos positivos, aunque la vida muchas veces se encarga de que no lo seamos, y tratemos de mirar al frente. Personalmente, cuando me siento así, pienso en mis hijos que son el motor más grande mi vida. Pienso en sus sonrisas, en su alegría al momento de llegar a la casa después de un día agotador, en cómo son tan puros que son felices con pequeñas cosas como jugar a las escondidas, en cómo cada pequeño logro de ellos es un aliento de felicidad para mí.

Mi invitación hoy es a vivir la vida con pasión y a transmitirles eso a nuestros hijos. La pasión es un sentimiento puro porque aflora en momentos, por ejemplo, de adrenalina. Dejemos que fluya en nuestra vida para que fluya en la de nuestros hijos. Pero que fluya dentro de lo que ellos quieren y dentro de lo que a ellos les apasiona.

Intentemos no poner nuestros gustos y nuestros sueños en ellos. Dejémoslos que crezcan buscando su pasión pero que sientan que tienen el mejor ejemplo al lado de ellos: nosotros, sus padres.

 

 

 

 

 

 

 

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