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8 beneficios de compartir juegos físicos con nuestros hijos

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El fin de semana es la ocasión perfecta para compartir con nuestros niños. En estos momentos son infaltables las cosquillas, las jugadas a la pelota, la escondida o a la pinta, los abrazos y los besos.

Es por eso que hoy queremos compartir con ustedes todos los grandes beneficios que implican todas estas simples actividades en la vida de nuestros pequeños:

1. Más inteligentes:

Cuando un niño pelea a las almohadas con su papá, ve reacciones nuevas y desconocidas en él, que le ayudan a recrear el mundo que le tocará enfrentar. La verdadera inteligencia no es la memorización de datos, sino la forma creativa para adaptarse a nuevas situaciones. Por eso que todos los mamíferos juegan, porque sus padres no les pueden enseñar la forma de responder en todas las situaciones posibles. Y estas solo se pueden aprender en pruebas de ensayo y error. Durante este proceso de aprendizaje, el niño activa zonas de su cerebro con las que se construye la inteligencia.

2. Mejora socialización:

Este tipo de juego permite desarrollar amistades, ayuda a ser más espontáneos, los hace capaces de distinguir las actitudes del resto, entregándoles habilidades sociales y otorgándoles más posibilidades de ser líderes y resolver conflictos y los instruye a seguir determinadas reglas que les permitirán seguir jugando. Además enseñan conceptos de liderazgo y negociación, necesarios para la vida profesional y las relaciones duraderas.

3. Más empáticos:

Cuando un padre lucha con su hijo por quitarle el calcetín, por ejemplo, claramente deberá controlar su fuerza para no hacerle daño al niño. De este modo, el menor aprende que cuando crezca y sea más fuerte, también deberá controlar su propia fuerza para no dañar a otros más débiles.

4. Inteligencia emocional:

Estos juegos permiten que los niños aprendan a leer las emociones del resto y saber cuándo una persona se dirige a ellos de manera agresiva o lúdica. Con ello aprenden también a controlar sus propias emociones y responder de manera acorde a los distintos estímulos externos, siendo más seguros de sí mismos.

5. Buena forma física:

En etapas tempranas de desarrollo (entre uno y cinco años) estas actividades no son tan sencillas. Son un proceso complejo de aprendizaje que implica coordinación, concentración, autocontrol, capacidad cardiovascular y flexibilidad. De paso, también ayuda a mejorar el estado físico de los padres.

6. Más felices:

Evolutivamente estamos diseñados para participar de actividades físicas, por lo que el cuerpo y la mente están más plenos cuando entran en esta dinámica. Los niños que hacen ejercicio regularmente están más felices y satisfechos con su vida que los que no lo hacen.

7. Desarrollan autocontrol:

Niños con mayor autocontrol y menor ansiedad se transforman en adultos que repiten estas actitudes. Un estudio de la Universidad de Minnesota demostró que el comportamiento de los niños en la zona de juegos es el mejor predictor de sus logros en los primeros años de su educación escolar, más que otro tipo de mediciones en la etapa preescolar.

8. Relación padre-hijo:

Los juegos que incluyen contacto físico, una cuota de adrenalina y diversión son muy saludables y que permiten estrechar la relación entre los padres y sus hijos, ya que ayudan a desarrollar confianzas entre ambos.

Así que ya lo saben, la invitación de hoy es a desordenar un poco a rutina y jugar con ellos como a nosotros nos gustaba jugar con nuestros padres. ¡A disfrutar a esos pequeñines, que el tiempo vuela!

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