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Muchos regalos puede ser contraproducente

En Navidad hay una imagen que se repite en muchos hogares, los niños ansiosos, al pie del árbol de Navidad, rasgando los papeles de regalos para descubrir qué hay dentro y luego pasar, frenéticamente, al próximo regalo.

 

Se estima que el 80% de los niños españoles reciben cinco o más regalos durante estas fiestas y que muchos reciben 10 veces más regalos de los que necesitan. Sin embargo, esta tendencia consumista que parece haberse instaurado en las últimas décadas no es beneficiosa para los niños. De hecho, hacerles demasiados regalos a los pequeños puede llegar a ser contraproducente.

 

Síndrome del niño hiperregalado

 

En los últimos tiempos se ha apreciado una tendencia muy peligrosa para el desarrollo emocional de los niños, a la que se ha bautizado como “Síndrome del Niño Hiperregalado”. Este problema hace alusión al intento de los padres a compensar con juguetes el poco tiempo que pasan con sus hijos. Como resultado, se produce una “anestesia emocional”, el niño se vuelve caprichoso, egoísta y consumista. Está más preocupado por vanagloriarse delante de sus amigos y compañeros del colegio de la cantidad de regalos que recibieron.

 

De hecho, la tendencia a enfocarse en la cantidad de juguetes, más que en su calidad, también desvela un desconocimiento de los padres de las necesidades de sus hijos. Los juguetes y regalos son importantes en la vida del niño pero estos tienen una función precisa y, bajo ningún concepto, pueden ser un sustituto de la atención y el cariño que deben propiciar los padres.

 

En este sentido, un exceso de juguetes provoca en los niños:

 

  1. Una sobreestimulación.Cuando los niños reciben muchos regalos, no disfrutan de ninguno en especial, o se decantan por el regalo que más les ha gustado, obviando el resto. El exceso de estímulos simplemente les sobrepasa, por lo que muchos de esos regalos terminarán tirados en un rincón. Cuando el niño recibe más juguetes de los que son capaces de jugar, no puede concentrarse en cada uno, por lo que no les saca el máximo provecho.

 

  1. Pérdida de la ilusión.El exceso de regalos puede hacer que el niño desarrolle una apatía total. Cuando el niño está acostumbrado a recibir muchos presentes, considera que es una obligación de los padres, y pierde la ilusión que normalmente implica recibir un regalo y descubrir su contenido. Por tanto, de cierta forma, en vez de embellecer su infancia, le estamos robando una de las emociones más bonitas.

 

  1. Bajo nivel de tolerancia a la frustración.Los padres que le dan a sus hijos todo lo que desean, sin explicarles el sacrificio que se esconde detrás de cada regalo, contribuyen a generar una actitud egocéntrica, de forma que los niños no aprenden a lidiar con la frustración, una capacidad esencial para la vida.

 

  1. Limita la fantasía. El exceso de juguetes termina provocando aburrimiento y mata la fantasía. De hecho, aunque los niños necesitan juguetes para desarrollar tanto sus habilidades motoras como cognitivas, no podemos olvidar que también se puede jugar sin juguetes, y es precisamente en esos momentos, cuando no hay un guión preestablecido, cuando más se desarrolla la creatividad.

 

  1. Desarrolla antivalores. Cuando los niños reciben demasiados juguetes o regalos, les restan valor, no comprenden en su verdadera magnitud el esfuerzo que probablemente han tenido que hacer los padres. Como resultado, pueden desarrollar actitudes consumistas y profundamente egoístas.

 

La regla de los 4 regalos

 

La solución no es hacer que los niños prescindan de los regalos, sino obsequiarles menos presentes, que realmente puedan disfrutar durante el mayor tiempo posible. Para lograrlo, puedes seguir la regla de los 4 regalos:

 

  1. Un regalo que pueda usar, como las prendas de ropa, los zapatos o accesorios similares.

 

  1. Un regalo relacionado con la lectura, ya se trate de un libro en papel o un e-reader.

 

  1. Un regalo que deseen mucho, dirigido a alimentar la ilusión.

 

  1. Un regalo de cualquier índole que realmente necesite.

 

La Navidad es una época de ilusión y alegría, por lo que es el momento perfecto para enseñarles a los niños a valorar otras cosas más allá de los regalos. Háblale de otros niños que no tienen tanto como ellos y anímale a donar algunos de los juguetes que ya no usa y que estén en buen estado.

 

Aprovecha además estas fechas para pasar tiempo juntos. En vez de comprar tantos regalos, planifica actividades de ocio en familia, como ir al cine, al teatro, al zoo o simplemente dar un paseo. Tu tiempo, es el mejor regalo que le puedes hacer. Así lo confirma este emotivo vídeo.

 

(Texto publicado en http://www.rinconpsicologia.com)

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Educación

Celos: un cuento para hablar el tema con los niños ¿Yo, celoso?

Los celos son un tremendo tema con los niños. Muchas veces nos complicamos más de la cuenta para hablar con ellos. Es por eso que nos gustó mucho este cuento de Editorial Zig-Zag llamado ¿Yo, celoso?

Paz Corral y Fabiola Solano nos invitan a conocer la historia de un niño y su pequeña hermanita que con mucho ingenio y humor, nos plantea un tema que es tan cotidiano (más de lo que creemos) mostrándonos sus reacciones ante la llegada del nuevo integrante de la familia.

Lo que más nos llamó la atención es la capacidad de ponerse en el lugar del pequeño y que con mucho ingenio comienza a pensar qué es lo que puede “hacer” con ella, tales como enviarla a un safari, llevarla a un viaje en el tiempo o a la luna…

Pero lo mejor de todo es la mirada positiva que tiene la historia frente al tema de los celos de los niños dando un vuelco hacia lo bueno que es ser el hermano mayor y sobre las relaciones de los hermanos.

Acá un pequeño adelanto para que se entusiasmen:

¿Quién dijo que estoy celoso de mi hermanita? Solo estoy planeando sorprendentes viajes para ella, para que descubra el mundo, se vuelva famosa y…no tenga que volver más a  casa.

Un cuento lleno de humor y con guiños muy claros e interesantes hacia la cotidianeidad de los niños. A los pequeños les va a encantar y a nosotras nos podrá entregar una gran herramienta para generar diálogos positivos con ellos en torno al tema.

Igual no debemos olvidar que todos los  niños son distintos y algunos se ven más afectados que otros.  Prepararlos siempre es lo mejor porque los pequeños se sienten más seguros cuando están acompañados, cuando se les explican las cosas (no los subestimemos) y cuando ven reflejado sus propios sentimientos en historias que les encantan.

 

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Hijos

Juegos violentos en los niños ¿debo preocuparme?

Se acerca la Navidad y muchos niños ya están haciendo sus cartas en las cuales muchos de los juguetes que se piden son “violentos” (pistolas, espadas, soldados, aviones de combate, videojuegos de guerra o combates).Lo que conlleva a que nuestros hijos interactúen con juegos violentos. Es importante tener presente que la agresividad, nos guste o no, forma parte de nuestra vida.

Los niños nacen con un impulso agresivo. Sirve para ser utilizada en situaciones extremas que impliquen respuestas más enérgicas, con más fuerza.

La agresividad y la violencia, son palabras que solemos utilizarlas como sinónimos, pero no son lo mismo.

La violencia implica un mal uso de la agresividad. Son conductas que hacemos con el objetivo de hacer daño a otro (o uno mismo). Mientras que la agresividad en una forma de expresión humana.

Que los niños expresen agresividad en sus juegos es algo que nos da miedo y tendemos a reprimirlo y rechazarlo, porque pensamos que les conducirá a reacciones violentas.

Pero no necesariamente tiene que ser así, eso sí, los niños deben de aprender a reconocer y controlar la agresividad pues entonces corremos el riesgo que se convierta en violencia y hacer daño a los demás o a ellos mismos.

Existe diferencia de opiniones entre los profesionales acerca de si el uso de juguetes violentos aumenta o promueve la violencia en los niños o no.

Las pistolas, espadas y demás juguetes bélicos han existido desde siempre, porque la agresión es algo inherente al ser humano, aunque éstos se han hecho cada vez más reales y sofisticados.

La doctora Azcorra dice que una de las utilidades de permitir que los niños jueguen con este tipo de juguetes es que se abre una vía de acceso a sus fantasías inconscientes permitiendo, incluso, recrear situaciones traumáticas mediante objetos alejados del conflicto y facilitando que el niño supere experiencias que le resultan difíciles de afrontar.

Un niño que sufre acoso puede canalizarlo gritando a sus peluches. Una niña que la han vacunado, puede jugar a inyectar a su muñeca..

A pesar de que las reacciones agresivas, las protestas, los enfados y excesos de energía son situaciones que intentamos parar y evitar a toda costa los adultos, es necesario permitir a los niños que las puedan expresar, siempre que no implique hacer daño a otros. Esto es el primer paso para lograr el autocontrol.

La agresividad bien empleada sirve como una fuerza extra para focalizar mejor la energía, mejorar ciertas destrezas y obtener un mejor rendimiento, lo que mejora su nivel de competitividad.

Con los juguetes, el niño tiene la posibilidad de inventar su propia historia, con los videojuegos no.

Por lo tanto, como padres deberíamos observar el contenido de los juegos, vigilar su uso y respetar los rangos de edad para los que son adecuados.

Por último, es importante estar atentos si detrás de los juegos violentos se esconde alguna otra emoción o conflicto que el niño teme sacar a la luz.

No se trata del juguete, sino la forma de utilizarlo, lo que nos revela información importante acerca de nuestro hijo.

(Katy Gutierrez, psicóloga)

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Hijos

Emociones “negativas”: Cómo trabajarlas con niños  

 

Seguramente las frases como “Los niños no lloran” o “Eso no es para enojarse” son bastantes comunes para todos nosotros. Aparentemente estas frases no tienen nada de malo porque buscan que los niños controlen sus emociones negativas pero, a través de ellas, enseñamos a nuestros hijos que son “malos” por sentir ciertas emociones que la sociedad ha tildado de malas. A partir de ahí el niño se siente inadecuado por sentir cosas que no son correctas lo que lo lleva finalmente a esconder ese tipo de sentimientos.

Cuando escondemos una parte natural del ser humano como la pena, la rabia o los celos no desaparecen sino más bien quedan en el inconsciente determinando desde ahí nuestras decisiones y ánimo. Es importante tener presente que no podemos elegir nuestros sentimientos pero si podemos decidir cómo actuaremos con esas emociones.

Como padres tenemos la enorme responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a manejar sus emociones y pensamientos que son catalogados como “negativos”. Para eso debemos sentarnos y ayudarles a entender el mensaje que cada una de esas emociones nos quiere transmitir, es importante que los niños no la escondan sino que la comprendan y sepan encauzarla correctamente.

 

Una forma de manejar estas emociones es a través de la imaginación. Aquí dejamos 5 técnicas que se pueden utilizar con ellos.

 

  1. Imaginar que los pensamientos son trenes: Esta es una técnica basada en la sabiduría budista en la que se dice que si no ponemos resistencia a los pensamientos y emociones que nos molestan estos terminan por abandonarnos.

Lo que habría que hacer es explicar a los niños que esa emoción que llega es como un tren que viene y va. Cada             vez que experimente una emoción que le incomode debe imaginar que lleha a una estación en su mente. A                       medida que el pensamiento o la emoción se detiene, podrá sentir diferentes sensaciones en todo su cuerpo. A                 veces se sentirá incómodo o sentirá que el corazón palpita más rápido.

Es comprensible que algunas de esas sensaciones no le gusten o que incluso le asusten o sobresalten. Sin                       embargo, si no se centra en ellas, ese pensamiento o emoción, al igual que el tren, seguirá adelante y lo dejará                 libre para que pueda recuperar la calma.

 

  1. Darle la mano a los pensamientos: esta técnica sirve para ayudar a los niños a controlarse cuando la emoción llega en un momento poco adecuado. Pídele que imagine que esas emociones son personas. Dale espacio para que pueda imaginar a cada emoción como quiera. Luego tiene que imaginar que está en una reunión con muchas personas (pensamiento o emoción) a su alrededor. Cada pensamiento o emoción tendrá que presentarse, diciendo su nombre. Sin embargo, se trata tan solo de un apretón de manos, el pensamiento o la emoción no podrá quedarse durante mucho tiempo porque el niño debe saludar a otras personas/pensamientos que también se encuentran en la reunión. Tan solo hay el tiempo justo para presentarse y que él le responda: “Podemos hablar más tarde, cuando estemos más tranquilos”.

 

  1. Ponerle cuerpo a los pensamientos: Cuando los niños son pequeños, les resulta difícil reconocer sus emociones. Precisamente, esta técnica busca que los niños profundicen en lo que sienten y piensan, haciendo consciente el impacto de esas ideas y emociones en su cuerpo.

Pídele que se siente e imagine que ese pensamiento o emoción se encuentra sobre su mano. Debe imaginar lo                 más vívidamente posible qué peso tiene y cómo luce. Lo interesante es que mientras más detalles logre recrear,               menos incómodo se sentirá con ese pensamiento o emoción porque irá explorándolo y dejará de percibirlo como             algo que debe reprimir y esconder, comenzará a asumirlo como una sensación propia perfectamente natural.                   Puedes ayudarle haciéndole algunas preguntas, como por ejemplo: de qué color es, cómo luce, si ejerce presión             constante hacia abajo o si, al contrario, rebota sobre su mano, etc.

 

  1. Darle una voz simpática a los pensamientos: Se trata de una técnica que explota al máximo la imaginación y a través de la que se busca que el niño juegue con sus pensamientos y emociones, quitándoles dramatismo. De esta forma se sentirá más cómodo con ellas y comprenderá que no tiene que temerles o sentirse incómodo. Para ponerla en práctica, pídele que imagine que cada pensamiento o emoción tiene una personalidad propia. Es probable que imagine la rabia como un gigante amenazador, no hay nada de malo en ello. Lo interesante es que luego tendrá que ponerle a ese gigante una voz simpática y fina, como la de un payaso o la del Pato Donald. El contraste entre la imagen y la voz hará que el niño se ría, de forma que la emoción o el pensamiento perderán parte de su impacto negativo.

 

  1. Imaginar que los pensamientos son nubes: Esta técnica se basa en la idea taoísta de que todo está en continuo movimiento y es una técnica sencilla para enseñarles a los pequeños a fluir sin oponer resistencia ya que esta es la causa última del malestar.

En este caso, el niño debe imaginar que los pensamientos y las emociones son como las nubes. Algunas serán               altas y ligeras, de color blanco como la espuma. Otras serán más bajas y oscuras, y querrán descargar sus rayos             y lluvia sobre el niño. Lo importante es que el niño entienda que sus pensamientos y emociones, al igual que las               nubes, están en continuo movimiento y que, tarde o temprano, si no opone resistencia, seguirán su curso natural.          También puedes aprovechar para explicarle que, aunque es probable que las nubes negras no le gusten, estas                son importantes por que acarrean el agua que permite que las plantas crezcan. De esta forma el niño comprende            que todas las emociones y pensamientos tienen una función y que es preciso escucharlas.

 

Basado en texto de Jennifer Delgado (Psicóloga)

 

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Educación

La máquina de imaginar las cosas de Marcelo Simonetti

Nos encantó este libro llamado La máquina de imaginar las cosas. Ya tan solo con su título nos invita a sumergirnos en un viaje que nos dejará muchos regalos para la vida. Un libro sugerente desde su portada, ya que pareciera ser un libro para niños, pero es mucho más que eso.

Comenzar a leer La máquina de imaginar las cosas es empezar a interpelarnos a nosotros mismos. ¿Cuánto nos ha consumido la rutina? ¿Cuándo olvidamos que fuimos niños alguna vez y que disfrutamos las cosas más sencillas de la vida? ¿En qué momento dejamos de imaginar para dar paso a una estructura de vida totalmente rígida?

Marcelo Simonetti y Cristian Tudera (a cargo de las ilustraciones) nos regalan un libro maravilloso para niños y adultos. Nos invitan a dejar libre nuestra imaginación, apelan a las emociones, nos llevan a un viaje a nuestra infancia, nos abren una ventana para compartir momentos de valor con nuestros niños.

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Un libro que deja abierta la puerta para quién quiera leerlo. La máquina de imaginar las cosas va más allá de ser catalogado como un libro infantil o para adultos. Nos entrega la posibilidad de encontrar en su lectura la mirada de los niños, de los adultos y de la vejez.

¿Se imaginan a una muñeca rusa enseñándole a hablar a un tigre? ¿O el ave fénix dando clases de vuelo a un cíclope? ¿Se imaginan un oso polar que grita de alegría? ¿O un cielo del que llueven pájaros de colores?

La imaginación no tiene límites y no debemos coartarla en los niños, y en nosotros tampoco. Y la invitación de La máquina de imaginar las cosas es a conocer al abuelo del abuelo de Juan. Y con él descubrir la máquina de imaginar las cosas.

Un precioso regalo para esta Navidad, ya lo pueden encontrar en las mejores librerías y de verdad se los recomendamos a ojos cerrados. Y como consejo: nunca dejemos de imaginar ni cortemos la imaginación de los niños. Es un precioso regalo de nuestra mente que debemos aprovechar.

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Actualidad

Patines: el regalo preferido para esta Navidad

Para esta Navidad muchos niños y niñas ya tienen claro lo que quieren de regalo. La serie de televisión de Disney “Soy Luna” es todo un éxito entre los más pequeños del hogar y por eso el obsequio más apetecido son los patines de cuatro ruedas que usa la protagonista y sus amigos. Para las niñas hay de llamativos diseños en color fucsia, blanco, lila, amarillo, negro y dorado, mientras que para los varones hay modelos de color azul, negro y rojo, entre otros.

Si ya estás pensando en regalar patines en esta Navidad, hay ciertas precauciones que debes tomar en cuenta. Aunque la serie de televisión es un imperdible para niños de toda edad, lo cierto es que los patines no son adecuados para todos.

“Todo depende de las características madurativas de los niños. Se recomienda que el uso de patines comience una vez que el niño haya alcanzado la madurez del hito psicomotor de la marcha, lo que se produce posterior a los 6 años, que es la edad donde el niño ha desarrollado una mayor habilidad de coordinación y equilibrio. Se recomienda evitar el uso de patines en niños menores por el riesgo de caídas, golpes y atragantamiento por partes pequeñas de los rodamientos”, apunta la kinesióloga y jefa de carrera de Técnico Deportivo de Nivel Superior de la Universidad del Pacífico, Andrea Lobos.

Andar arriba de patines requiere de la habilidad del equilibrio, por lo que siempre es recomendable tener una implementación adecuada que proteja al niño de dolorosas caídas. “Se pueden producir heridas como lesiones en la piel (roces y ampollas, entre otros), producto del roce de la bota. Y también pueden aparecer heridas abrasivas como rasmilladuras producto de las caídas, las cuales se dan principalmente en codos, rodillas y manos. Además, se pueden sufrir golpes en la cabeza. Todas estas lesiones se pueden prevenir utilizando la implementación de seguridad adecuada como casco, rodilleras y coderas”, asegura la especialista.

Así, para evitar graves caídas y lesiones, hay que elegir bien las calcetas y la talla del patín a utilizar. “Lo ideal es que la bota sea adecuada al tamaño del pie, por lo que se recomienda utilizar un número más que el calzado y nunca sin calcetines. El calcetín debe ser de algodón y largo para que cubra tobillo y pie, evitando heridas o lesiones en la piel producto del roce. Idealmente, se recomienda revisar las ruedas de los patines se encuentren en buen estado”, indica Lobos.

En el caso de niños muy pequeños o que no han tenido contacto previo con los patines, la docente recomienda preferir el modelo de cuatro ruedas. “La diferencia entre un patín de cuatro ruedas y uno lineal radica en el objetivo y en la técnica que se debe utilizar en cada tipo. En relación a la seguridad, se recomienda comenzar en niños pequeños con patines de 4 ruedas, ya que aumenta la base de sustentación, lo cual favorece el equilibrio y disminuye el riesgo de caídas. Además, se sugiere realizar la actividad con supervisión de un adulto y siempre utilizando los implementos de seguridad” finaliza.

 

 

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Hijos

Violencia sexual: Enseñando a decir que no

Que alguno de nuestros niños sufra de violencia sexual es algo que nadie quiere pero también está presente el tema de cómo trabajarlo con nuestros hijos. Encontramos un cuento donde nos ayudan a tratar el tema y se puede descargar gratis de internet.

Los niños son dueños de su propio cuerpo, les pertenece. Tienen derecho a decir «no» si no quieren ser tocados o acariciados. Y los adultos deben respetarlo. Así son algunas de las enseñanzas que ofrece el cuento «La regla de Kiko», una guía elaborada por el Consejo de Europa para prevenir la violencia sexual sobre los menores, (desgraciadamente, uno de cada cinco niños).

Nunca es demasiado tarde para enseñar a un niño hasta dónde le puede tocar un adulto u otro niño. Los más pequeños y los más mayores tienen que conocer hasta dónde llegan las caricias y los tocamientos. Su cuerpo y su intimidad hay que salvaguardarlas. De todo ello habla este cuento, una sencilla guía que ayuda a padres y educadores a explicar a los niños y niñas dónde otras personas no pueden tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse si alguien lo hace.

«La Regla de Kiko» (especialmente dirigido aniños de 3 a 7 años) expone un principio fundamental: los niños no deberían permitir que otros niños o adultos toquen partes de su cuerpo que suelen ir cubiertas por su ropa interior. Y no deberían tocar a otros niños, niñas y/o adultos en esas zonas. Con diversos iconos, juegos y, sobre todo, siguiendo al personaje los niños aprenderán cómo mantener su intimidad sexual. El cuento se completa con otros materiales (un video que se puede ver por internet y diversos carteles y postales).

Todos estos recursos están disponibles en una web que el Consejo de Europa ha creado especialmente para esta campaña (www.laregladekiko.org) y en la web de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil en España (www.fapmi.es).

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Estos son algunos de los principios de «La regla de Kiko»:

  1. Tu cuerpo es tuyo:Los niños tienen que aprender que su cuerpo es suyo y les pertenece, por tanto nadie puede tocarles sin su permiso. Desde una edad temprana pueden aprender que existe «partes privadas del cuerpo». Utilizando los nombres correctos para los genitales y otras partes les ayudará a saber lo que no está permitido.

Los menores pueden decir «no» a un beso o una caricia incluso de un ser querido, y este debe respetarlo.

  1. Existen buenas formas de tocar y otras malas:Los niños no siempre reconocen cuando se les toca de forma apropiada o inapropiada. Se les debe enseñar a identificar cuando no está bien que alguien mire o toque sus partes privadas o que les pidan que miren o toquen las partes privadas de otra persona. «La regla de Kiko» les muestra un límite fácil de recordar: la ropa interior.
  2. Hay secretos buenos y malos:Las personas que cometen abusos sexuales utilizan como táctica los secretos. Por eso, es primordial mostrar a los niños que hay secretos buenos y malos. Si hay un secreto que les preocupa, les hace sentir incómodos, les asusta o les pone triste, ese secreto no es bueno y deberían contarlo a un adulto de confianza.
  3. La prevención y protección son responsabilidades del adulto:Cuando un niño ha sufrido abuso siente vergüenza, se siente culpable y tiene miedo. No hay que crear tabúes respecto a la sexualidad, pues les hará sentirse más confiados a la hora de dirigirse a un adulto y explicarles si están tristes, preocupados o nerviosos. Los niños pueden percibir que algo no está bien pero quizá no sepan explicarlo ni a quién contarselo.
  4. Los niños deben conocer su red de seguridad, los adultos a los que se pueden dirigir y en los que confiar. Muchas veces los depredadores sexuales son personas conocidas por el niño y al pequeño se le hace muy difícil comprender que esa persona puede abusar de él. Debemos acostumbrar a los niños a que informen con frecuencia a su padres o cuidadores de la existencia de alguien que les hace regalos, que le pide que mantengan un secreto, que trata de pasar tiempo a solas con el niño…

Otras veces el depredador es un desconocido. Por eso, debe comenzar enseñando a su hijo normas simples: no subas al coche de un extraño, no aceptes regalos de un desconocido…

Fuente ABC FAMILIA

 

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Educación

Niños con TDAH ¿Cómo se sienten en el colegio?

Nos encantan los videos porque son la forma más grafica de demostrar ciertas cosas. Hoy en día el TDAH (Déficit de Atención e Hiperactividad) no es algo desconocido por la mayoría de nosotras. Pero ¿Qué pasa con estos niños? ¿Cómo se sienten cuando están en clases y realmente no pueden poner atención, siendo que ellos quieren hacerlo?

Hoy les queremos compartir este video elaborado por neurocirujanos de BrainHighWays para explicarnos a los padres, a los profesores y a la comunidad en general que siente un niño con TDAH, que son muy inteligentes pero tienen otro tipo de dificultades.

El video dice así:

“Querido Profesor: sé que siempre no hago las cosas como se esperaría, pero realmente quiero aprender y atender, sólo que mi cerebro es un poco diferente, así que me gustaría que sepas un poco acerca de mi:

– Tengo que moverme o realmente no puedo prestar atención.

– A veces puedo no mirarte, pero puedo atender lo que estás diciendo.

– Si tú me dices: ‘¡siéntate derecho!’, tengo que usar todo mi cerebro para hacer eso.

– Me haces sentir triste cuando me dices que tengo que esforzarme más, porque ya me estoy esforzando lo más que puedo.

– Escucho mejor cuando estoy balanceándome en mi silla.

– Cuando me das muchas indicaciones, empiezo a pensar. ¡Nunca voy a recordar todo esto!

– Algunas veces mi mamá o papá terminan de hacer mis tareas escolares… Y aquí ¿cómo podrías ayudarme?

– Déjame moverme mientras estoy aprendiendo.

– Déjame mirar lo que esté mirando cuando me estés hablando.

– Déjame balancearme o apoyarme sobre mi carpeta.

– Sin importar la causa… no me dejes sin recreo.

– Ayúdame y podré hacer las cosas por mí mismo.

– Dame consignas cortas.

– Pregúntame: ¿Qué necesita tu cerebro hacer ahora?

Y una cosa más: mi cerebro puede ser diferente al tuyo, pero aún así, es asombroso…’

El mensaje es súper claro. Lo que tenemos que entender es que el cerebro de estos niños funciona de otra forma, darles sus tiempos y espacios. Les cuesta concentrarse, eso es un hecho. Pero por favor, no los etiquetemos de mala manera, esto no quiere decir que no aprendan o sean menos inteligentes.

Apoyemos a nuestros, conversemos con sus profesores y saquemos su mayor potencial.  Personas como Albert Einstein, Leonardo Da Vinci, Will Smith, Justin Timberlake, han tenido o tienen TDAH. Evitemos las etiquetas y dejemos que se desarrollen con las herramientas adecuadas para que saquen lo mejor de ellos y no se sientan minimizados ni menos que sus compañeros. Los niños aprenden igual, sólo debemos respetar sus ritmos y formas de aprendizaje.

Fuente: Guía Infantil

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Familia

Verano: sacarle provecho al tiempo de familia

¿Cuántas veces durante el año dijimos que algo lo íbamos a hacer cuando tuviésemos tiempo? La rutina, el trabajo, las tareas, las cosas de la casa, los horarios y las obligaciones que tenemos hacen que dejemos muchas cosas para más adelante. Ese más adelante puede ser el verano.

A veces las cosas que posponemos son cosas personales personales: disfrutar de un buen libro, ordenar fotos, revisar documentos. Otras veces son obligaciones que vamos posponiendo: una visita familiar, una reparación o mejora en casa. Pero también nos ocurre en el ámbito de la educación. Pensamos en temas que deberíamos abordar con nuestros hijos, en actividades para disfrutar en familia, en momentos en los que acercarnos y relacionarlos sean momentos que no requieran de una norma o de algo que debe ser terminado.

Para sacar el máximo provecho a nuestras vacaciones y tener la sensación al volver al trabajo de que las hemos aprovechado, lo primero que deberemos preguntarnos es cuáles son las prioridades para nosotros y nuestra familia.

Será importante que pensemos en lo que cada miembro de la familia necesita: jugar con los papás, repasar matemáticas, gozar de más libertad, disfrutar con nuestros hijos y desechar ese sentimiento de estar siempre “como sargentos” donde siempre estamos enseñándoles algo (como ayudar en la casa)

Es importante, planificar las actividades de nuestros hijos en verano, compatibilizar las obligaciones de la casa con ciertas tareas escolares y con tiempo libre para disfrutar de sus aficiones, pero también es muy importante planificar los días en que la familia esta toda reunida.

 

Aquí les dejamos algunas cosas que debemos tener en cuenta a la hora de planificar nuestro verano:

  • Pensar en actividades, visitas o lugares en los que todos puedan disfrutar no siempre es fácil. Menos aún si en la familia hay hijos de diferentes edades. Será conveniente que nos informemos previamente de las edades para las que está recomendada una actividad o una visita antes de ir y que avisemos a nuestros hijos de lo que allí vamos a hacer o a ver. Será un buen momento para trabajar la tolerancia, la capacidad de negociar y el respetar a los gustos de los demás.

 

  • No es que sean necesarios grandes planes pero sí la disposición para que sean momentos en los que todos podamos disfrutar, en los que haya las menos peleas posibles con una buena convivencia y diálogo. En este sentido, si hemos tenido en cuenta sus intereses a la hora de planificar las vacaciones, tenemos mucho ganado. Algo que podemos plantearnos evitar, o regular su uso, en nuestras vacaciones es la televisión, video juegos o reproductores de música, ya que pueden interferir en el diálogo y la convivencia, aunque también podemos disfrutarlos juntos. Todo depende de cómo aprovechemos las oportunidades de compartir esos ratos de ocio.

 

  • Dar espacio para un entorno menos rígido. Incluso los adultos tenemos menos obligaciones en vacaciones de verano: los horarios son más flexibles, las comidas más caprichosas, los compromisos se posponen. Es importante que también para ellos sean momentos de descanso, que las vacaciones supongan un punto y aparte con respecto al resto del año, aunque habrá unos mínimos que cumplir. Deben saber que son vacaciones para todos y que todos debemos asumir alguna obligación, en la medida de nuestras posibilidades, para que disfrutar y descansar también sea cosa de todos.

 

  • Aprovechen para abordar temas que puedan resultar difíciles de abordar en otro ambiente. Todos estamos más relajados y con menos presiones, dedicamos más tiempo a conversar, nos sentimos más cercanos y afines, los roles que asumimos no son tan autoritarios. Esto parece ser el clima perfecto para conocer las ideas, intereses, dudas de nuestros hijos, para hablar con ellos y trasmitirles nuestras experiencias, conocimientos, valores.

 

  • Recordar las promesas que les hayamos hecho durante el año. Seguro que nos han buscado multitud de veces para jugar y lo hemos pospuesto o han querido ir a un parque de atracciones o salir en bicicleta. Es el momento de dedicarles ese tiempo y que sean nuestro centro de atención. Seguro que resulta muy gratificante para todos.

 

  • Dedicarnos tiempo a nosotros mismos y comprender que ellos también deben hacerlo. En las vacaciones encontramos la temporada perfecta para abordar asuntos que durante el año nos restan demasiado tiempo o energía, pero nos cuesta entender las expectativas -a veces muy altas- que nuestros hijos han puesto en este tiempo. Es importante que recordemos lo que el verano significaba para nosotros: libertad, horarios menos rígidos, gente nueva y plantearnos el espacio que es apropiado proporcionarles, según sus edades y las actividades que quieran realizar.

 

Y como última recomendación, no olvidéis sacar fotos. Puede parecer frívolo, pero ¿cuántas veces hemos mirado con cariño las fotos de algún día especial y nos hemos sentido tan felices y cercanos como entonces? Estamos escribiendo la historia de nuestra familia y es importante conservar los recuerdos que nos unen.

 

 

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Hijos

Meditación con los niños

Encontramos este interesante texto de meditación con niños (La página de la vida) y quisimos compartirlo con ustedes.

En los tiempos que hoy estamos donde corremos desenfrenados y nuestros niños se ven enfrentados a desafíos que nosotros no tuvimos es importante darles todas aquellas herramientas que les permitan lidiar con el entorno de la mejor manera posible. La meditación es una de ellas y aquí nos hablan el por qué debemos hacerlo y cómo beneficia a nuestros hijos.

Aquí les dejamos el texto:

¿En qué beneficia la meditación a los niños más pequeños? La imagen tradicional de la infancia como un período de despreocupada inocencia e interminables vacaciones, todo ello bordado sobre el fondo compuesto por la íntima seguridad de la familia y los amigos, es muy probable que haya desaparecido para siempre. No obstante, sigue perviviendo la idea de que la infancia constituye un tiempo relativamente libre de estrés comparado con la vida adulta. Y nada más lejos de la realidad. Para comprenderlo en su justa medida, basta con imaginar a los niños pequeños viviendo en un mundo que se asemeja, en muchos aspectos, al entorno cotidiano de los adultos en el medioevo. A excepción de unos pocos privilegiados, la inmensa mayoría de los niños carecen de derechos por lo que se refiere al dinero o a la propiedad; están sujetos a unas reglas y decisiones arbitrarias y, a menudo, incoherentes e injustas, dictadas y adoptadas, respectivamente, por sus mayores, así como también a castigos inapelables por infracciones que, con frecuencia, ni siquiera son conscientes de haber cometido; no tienen voz, voto ni capacidad de control sobre los procesos políticos o judiciales, y apenas pueden elegir lo que les apetecería hacer de nueve a cuatro. Por otro lado, están inmersos en una sociedad en la que la violencia, en forma de amenazas e intimidaciones, les acecha a la vuelta de cada esquina, y, tanto si les gusta como si no, están obligados a someterse a pruebas y exámenes, preparados y valorados por examinadores a los que no conocen, y de los que dependen completamente su futuro y la imagen que van a tener de sí mismos.

Además de reconocer la impotencia que la sociedad impone a los niños y con la que les obliga a vivir, también hay que tener en cuenta que los pequeños experimentan emociones y sentimientos, como por ejemplo amor, alegría, miedo, disgusto y enojo, con una intensidad que no pueden comparar con la de la vida adulta. El éxito o el fracaso en su círculo de amistades más íntimas puede ser fundamental para ellos, y el hecho de sentirse aceptados o rechazados por el grupo les puede pesar mucho más ahora que en cualquier otro momento de su vida. Por otra parte, los primeros años de la infancia constituyen el episodio más formativo de la historia individual de la vida del niño, ya que, durante estos años, no sólo tiene que aprender todo lo que exige el desarrollo de su educación formal, sino que también necesita explorar una extraordinaria diversidad de aspectos psicológicos y sociales relacionados con su autoconsciencia, su identidad personal, su conducta ética y la vida en comunidad.

Ser consciente de la naturaleza y la fuerza de estas presiones nos permite descubrir que el estrés, la neurosis, la infelicidad y la depresión no son, en absoluto, una prerrogativa de los adultos. Se detectan la misma gama de síntomas y dificultades entre personas de todas las edades. La única diferencia real reside en que a los niños pequeños les resulta más difícil que a sus mayores expresar sus problemas y ser tomados en serio. Demasiado a menudo, los niños sufren en silencio, y eso les abre unas heridas que perdurarán durante toda su vida. Veamos dos ejemplos que ilustran perfectamente lo que acabamos de decir.

Hace poco, Carla, que ingresó en un internado a una tierna edad, encontró el pliego de cartas que había escrito a su madre desde el colegio, y se sorprendió de que no mencionaran, ni siquiera de pasada, la casi permanente tristeza que la invadió aquellos años. “Las cartas estaban llenas de cosas sin importancia, tales como lo que habíamos comida en el almuerzo, el relato de alguna salida esporádica a la ciudad, los juegos que aprendíamos o lo que me contaban mis amigas. Pero ni una palabra acerca de mi añoranza, de mi impopularidad entre algunos de los profesores, de mi soledad y de que muchas veces hubiese deseado estar muerta.”

Andrés, que acababa de ver una película que filmó su padre y en la que aparecía él de niño, era incapaz de identificarse con el pequeño feliz y sonriente que daba la impresión de ser. “No lo entiendo. En realidad, me pasé la mayor parte del tiempo temiendo a mis padres, temiendo a los matones en la escuela, temiendo sacar malas notas, temiendo enfermar, e incluso temiendo a la oscuridad. Odiaba ser un niño.”

Los niños con unos antecedentes familiares ideales y unas experiencias escolares envidiables también sufren tensiones físicas y psicológicas en un mundo cada vez más exigente y estresante. Desafortunadamente, la educación formal en poco, o nada, contribuye a ayudarles a que aprendan a conocerse y comprenderse a sí mismos, a comprender y a desintegrar sus ansiedades, a comprender sus procesos intelectivos y a descubrir la tranquilidad, la armonía y el equilibrio en sí mismos. Poco o nada se hace para ayudarles a que dirijan sus propias vidas, a utilizar productivamente su energía mental, en lugar de disiparla en sufrimiento psicológico, en preocupaciones y en la creación de ideas al azar, tampoco para facilitarles el acceso a los niveles creativos de su mente.

La meditación es una de las formas más eficaces para ayudar a los niños pequeños a que afronten mejor la vida que deben vivir, tanto desde una perspectiva personal como académica. La meditación confiere, incluso a los más pequeños, el poder de comprender y dirigir sus pensamientos y sus emociones, pero no mediante un autocontrol represivo, sino mediante la autocomprensión y la autoaceptación. La meditación no puede hacer feliz a un niño infeliz en un santiamén, ni suplir todas las carencias que algunos niños padecen en manos de sus mayores, pero sí puede encaminarle hacia un estado de mayor satisfacción e independencia.

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