Yo también fui (y soy) una fans por @Alepolig

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Cada vez que viene un cantante de moda, cada vez que veo a esas niñitas gritando y corriendo detrás de algún auto por las calles de Santiago, siento que es posible que esté viviendo un viaje a mi pasado.

Sí, porque no puedo negar que yo fui una fans de esas que corrían al lado del auto, de esas que lloraban por ver aunque sea un dedo de tu artista, de esas que llegaba al estadio muchísimas horas antes de que empezara el concierto.

No puedo más que sentir empatía por esas niñitas que hoy lloran por Justin Bieber u One Direction. No las juzgo en lo más absoluto porque de cierta manera me siento reflejada en ellas. Pero ellas tienen algo mejor que mi generación: a ellas no les importa nada, sólo les importa ver a su artista y hacen lo que sea por lograrlo.

Claro, porque yo soy de una generación completamente distinta, que si bien estabas dispuesta a hacerlo todo por ver a tu artista favorito, estabas más bien sola en ello. A lo más ibas con alguna amiga pero nada más. Hoy, gracias a la hiperconexión en la que vivimos, las niñas son capaces de mover masas, instalar temas de conversación, de cortar calles y de organizarse como si todas las fanáticas de alguien fueran miembros del mismo fans club,

Algunos podrán decir que es una exageración tanto alboroto por un artista, pero eso ha sido así a lo largo de la historia y no tenemos porqué juzgarlo. Sólo basta ver imágenes de las fans de Elvis Presley o The Beatles para darnos cuenta que esto está instalado en la sociedad mundial por muchos años.

¿Si nosotros que nos morimos por ver a nuestra banda favorita somos capaces de pagar altas sumas de dinero por ir a verlos, de llegar temprano para tener la mejor posición y de instalarlo como nuestro tema de conversación por semana, le vamos a pedir a las adolescentes que no lo hagan?

Lo importante es ser capaces de ponernos en el lugar de ellas, de pensar con sus mentes y de guiarlas a través de ciertas experiencias. Obvio que no debemos permitir la locura extrema, pero sí debemos dejar que vivan sus emociones, que griten a mares y que disfruten cada momento de ese fanatismo. ¿Por qué? Porque cuando crezcan tendrán una experiencia única, se sentirán identificadas con algo y tendrán mil y una historias que compartir con sus amigas y con sus hijos/as.

El fanatismo no es malo, pero tampoco debe ser exagerado. Debemos estar atentas a las conductas que se presenten, observar sus comportamientos e intentar acompañarlas a todo lo que sea posible, porque eso es imborrable, porque sientes que tu mamá y papá te bancan hasta el final, porque te vuelves parte de su mundo.

Lo anterior se los digo por experiencia. Y porque hasta el día de hoy me juego la vida por ir a ver a mi cantante favorito, porque hasta el día de hoy canto a todo pulmón y me emociono al escucharlo. Simplemente, porque hasta el día de hoy es algo que me une con tantas personas como mi mamá, mis amigas y mi marido (aunque no lo crean).

 

 

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