Poner límites a nuestros hijos: algunos consejos

Mother and daughter talking on bed
Mother and daughter talking on bed

Poner límites no siempre es algo sencillo. Muchas veces nos vienen a la cabeza miles de preguntas de qué es adecuado e inadecuado y si seremos capaces de aplicar los límites o no.

Para nadie es sorpresa que como adultos debemos poner límites y reglas de comportamiento a nuestros hijos pero muchas veces fallamos en hacerlo.

Si somos capaces de poner límites nuestros hijos conocerán la pauta de conducta ayudándoles así a distinguir entre lo que es aceptable y lo que no, de la importancia del respeto y además a sentirse seguros pues en un ambiente predecible y organizado.

Entonces, ¿cómo logramos poner límites? Aquí les dejamos algunos consejos.

  1. Establece normas específicas, con frases cortas y precisas que el niño comprenda fácilmente, y que no den lugar a confusión. No es lo mismo decirle “pórtate bien” o “sé educado” que “no hables cuando la profesora esté explicando” o “come con la boca cerrada”. Las segundas son órdenes concretas que el niño entenderá mucho mejor que si le hablamos en general.
  2. Dentro de una determinada norma, podemos dar a elegir entre dos opciones distintas, de manera que el niño sienta que tiene libertad de elegir la que prefiera. Esta sensación de control ayudará a reducir su resistencia. Por ejemplo, a la hora del baño podemos preguntarle si prefiere ducharse o bañarse, o si pretendemos que coma verdura podemos darle a elegir entre una sopa o una ensalada.

 

  1. Se deben poner límites de manera firme, con voz segura pero sin gritar. Firmeza no implica autoritarismo, pero sí seriedad. El niño debe entender que es importante que siga las reglas.
  2. Es mucho mejor explicarle al niño lo que debe hacer antes que lo que no debe hacer, y reforzarle cuando lo haga correctamente. Por ejemplo, es preferible pedirle que hable bajito o que vaya más despacio antes que decirle que no grite o que no corra.
  3. Al decir cosas como “quiero que hagas …” nos involucramos de manera personal y podemos generar cierta confrontación con nuestro hijos. Una alternativa es optar por fórmulas más impersonales como “Son las seis, hora de comer” o “Son las siete, ya es hora de terminar las tareas”
  4. Cuando el niño comprende el sentido de la norma que pretendes que siga, es mucho más probable que desarrolle una actitud positiva hacia ella. Todos necesitamos comprender por qué debemos hacer o no hacer ciertas cosas, y con los niños pasa lo mismo. Además, el hecho de entender por qué algunas actitudes o comportamientos son aceptables o no les ayudará a interiorizar los valores que estos traen implícitos. Las explicaciones deben ser claras y sencillas. Por ejemplo, “no pegues a tus compañeros porque les harás daño y se sentirán mal”.
  5. Las alternativas hacen que las normas parezcan más positivas y aceptables. Por ejemplo “Las paredes no son para dibujar, pero aquí tienes hojas y lápices para que puedas hacerlo”
  6. La consistencia al poner límites es fundamental para que cumplirlos no genere tanta resistencia. Con las reglas que consideremos más importantes no debemos ofrecer mucha flexibilidad, ya que es más probable que el niño se oponga a cumplirlas. Por ejemplo, si la hora de acostarse son las 20:00, pero hay días que los dejamos media hora más o hasta las 21:00, será más complicado que accedan a acostarse a las 20:00 cuando se lo pidamos. Con otro tipo de normas menos rutinarias podemos dar cierto margen, pero debemos tener cuidado.
  7. Cuando el niño tenga un comportamiento inadecuado, debemos dejarle claro que lo que desaprobamos es la conducta que ha tenido, no a él. Nunca debemos decir que “es malo” sino que lo que ha hecho no es adecuado o está mal hecho. El niño no debe sentirse nunca rechazado como persona y debe saber que la conducta la puede modificar.
  8. Es fácil perder el control cuando estamos muy enfadados y decir o hacer cosas de las que luego nos arrepentimos. Si sentimos que estamos a punto de perder los papeles es mejor intentar salir mentalmente de la situación, respirar y luego actuar cuando hayamos recuperado la calma.

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