Nosotras elegimos a hombres parecidos a nuestros padres, y ellos parecidas a sus mamás.

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Cuando pequeñas adoramos a nuestros papás, son nuestro príncipe azul, todo lo que soñamos. Y aunque no lo crean muchas de nosotras, en la edad adulta, buscamos a hombres similares a nuestros padres para ser nuestra pareja. Ellos viven el mismo proceso con sus mamás… Debemos decir que eso nos agrada siempre y cuando pensemos que nuestros maravillosos hijos se enamorarán de una mujer similar a nosotras, si pensamos que nuestra pareja se enamoró de nosotras porque nos parecemos a sus madres la teoría deja de ser tan atractiva, ¿no creen?.

Tal como lo planteó Sigmund Freud con el conocido “complejo de Edipo”: La apariencia física y la personalidad de los padres influye en la elección de la pareja a largo plazo. Esta teoría la ratifica ahora un grupo de investigadores de la Universidad de Pécs, al sur de Hungría. Quienes comenzaron su estudio comprobando que “los semejantes se atraen” y que la mayoría de las parejas se parecen en varios aspectos, para luego comenzar a estudiar las similitudes entre el individuo y sus suegros.

Para comprobar la teoría de que el complejo de Edipo realmente existe, los científicos enfrentaron a un grupo de personas a una serie de fotografías y les propusieron que las agruparan por similitud. En la mayoría de los casos las agrupaciones vinculaban parejas con sus respectivos suegros.

Los investigadores también utilizaron un software especializado y fotografías profesionales para compararlas con parámetros bien definidos, con lo cual pudieron llegar a conclusiones más exactas. Midieron una serie de parámetros o características físicas como el largo de la nariz, el ancho de la boca, entre muchas otros, definiendo de esta manera catorce “proporciones faciales” diferentes. Con este sistema compararon fotos de personas con sus suegro y llegaron a la conclusión de que inconscientemente elegimos parejas con características similares a nuestra madre (en el caso de los hombres) o a nuestro padre (en el caso de mujeres)

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Los resultados de este estudio dan validez del fenómeno conocido como “impronta sexual”, planteado por Freud: en la niñez los individuos “graban” los rasgos de sus padres y posteriormente, durante la búsqueda de pareja, proyectan este modelo sobre la pareja potencial.

Un dato importante al que llegó este estudio es que esta proyección de la figura paterna o materna es mayor en la medida en que la relación con su progenitor sea más cercana y profunda. Es tan así, que la proyección también se establece en el caso de padrastros que han sido muy importantes en la vida de la persona. Esta proyección, concluyen, no es solo en aspectos físicos, también se da en temas de personalidad.

Así que como ven, y si miran bien honestamente a su pareja, se podrán dar cuenta que posee varias de las características de las que admirábamos en nuestros padres.

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