“No quiero ir al colegio” ¿cuándo preocuparme?

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“Mamá, no quiero ir al colegio” es una frase que escuchamos muchas veces durante el año. No hay ningún niño que nunca haya querido faltar al colegio, es totalmente normal y comprensible, lo raro sería encontrarse lo contrario. Pero si esto ocurre de manera recurrente esto se convierte en un problema.

Es en la educación básica donde más casos hay de este estilo. Las excusas que suelen dar los niños son dolores de cabeza o abdominales que milagrosamente se curan cuando se quedan en casa durante el día. A la mañana siguiente reaparecen mágicamente.

Los motivos pueden ser infinitos y para valorarlos tenemos que tener en cuenta la edad del niño. Las razones que puedan tener un adolescente o un niño de básica son diferentes porque sus prioridades también lo son. En niños de primaria los motivos más frecuentes son:

  • Llega un nuevo integrante a la familia: En hermanos mayores es común que con la llegada de un hermanito sienta celos y quiera quedarse en la casa como un intento de estar más tiempo en compañía de sus padres para así recibir también sus cuidados.
  • Estuvo mucho tiempo con los papás en la casa: Hay niños que por los motivos que sean faltan a clases y tienen que pasar un tiempo en casa, se acostumbran rápidamente a esa situación y después no quieren ir al colegio.
  • Mala relación con un compañero: Si tu hijo iba diariamente al colegio y de repente se niega a ir puede que este sea uno de los motivos. Habla con el profesor para que te explique cómo está la situación en clase y que papel desempeña tu hijo en ella. ¿Es de los niños más populares o por el contrario es uno de los menos queridos? ¿Se ríen de él? Pregunta también por cómo se desarrollan las clases de educación física porque los niños chicos le dan mucha importancia al rendimiento físico y pueden llegar a ser realmente crueles con quienes no son buenos.
  • Miedo a algún profesor: El terror a un profesor puede derivar a no querer acudir al colegio. Tal vez es un profesor que retó o ridiculizó en algún momento al niño, o simplemente hizo algo que lo ofendió sin querer, no podemos ni imaginar lo sensibles que pueden ser, debido en parte, al desarrollo de la imaginación a partir de los 6-7 años, que tiene la función de rellenar todo aquello que no se comprende con su propio significado.
  • Bajo rendimiento: Cuando las reglas de la clase son demasiado estrictas los niños pueden sentir miedo de no cumplir las expectativas del profesor o de los padres. La presión es tan alta que se sienten inseguros y fracasados.
  • Ansiedad de separación de las figuras de apego: aquí lo que pasa es que el niño no quiere separarse de los padres (generalmente de la figura materna). Creen que algo malo les ocurrirá si no está con ellos, por eso insisten en no separarse. En realidad, el niño se comporta igual cuando la principal figura de apego se aleja de casa. Quieren estar continuamente con ellos y ven la escuela como uno de esos impedimentos.
  • Fobia al colegio: a veces pasa que los niños rechazan de manera constante el colegio por miedo a este y se le producen auténticos síntomas fisiológicos que se relacionan con la ansiedad (insomnio, tensión muscular, problemas estomacales, falta o exceso de apetito, etc). Tenemos que diferenciar un simple rechazo escolar a una fobia. El rechazo puede ser por cualquiera de los motivos expuestos arriba y es una decisión consciente del niño de manera puntual. En la fobia escolar los síntomas físicos son más graves y si no se trata a tiempo se puede llegar a cronificar, siendo más difícil cada vez normalizar la situación.

 

¿Cómo debemos reaccionar ante está situación?

La mejor manera de quitar el miedo al colegio es ir a él todos los días. Los padres pueden pensar equivocadamente que un par de ausencias de su hijo no va a suponer consecuencias escolares más que la acumulación de tareas. Y sí, es cierto, no va a repetir por faltar 4 días. Pero si permitimos a nuestro hijo faltar por miedo a la escuela estamos reforzando el estímulo temido, de manera que esos miedos poco a poco se irán haciendo más grandes. Pasa lo mismo con otras situaciones generadoras de ansiedad, si las evitamos en vez de enfrentarnos a ellas llegará un momento en que les tendremos más temor incluso que antes porque el alivio que sentimos tras la huída hará que creamos que la situación es peor de lo que realmente es. Estaremos mitificando el estímulo, exagerándolo.

Los niños además cuentan con el plus de la imaginación, por lo que sus miedos se harán más fuertes y fáciles de creer. Por eso, si sospechamos que a nuestro hijo le ha pasado algo en el colegio que puede haberle generado miedo no debemos ceder dejándolo en la casa, no con el fin de evitar una ausencia sino con el fin de evitar que ese temor aumente en un futuro.

 

Para facilitarle esa tarea:

  • Investiga el por qué no quiere ir, tenemos que averiguar a cuál de todas las opciones anteriores se debe que nuestro hijo quiera faltar, para actuar de forma coherente a la situación y tomar medidas. Para esto pregúntale a los profesores, compañeros, hermanos, etc.
  • Lleva a tu hijo en horarios donde no haya clase. Por ejemplo si vas a hablar con el profesor lleva a tu hijo contigo. Así podrá ver que el colegio en sí no es malo y que es diferente cuando está lleno y cuando está vacío.
  • Llévalo al colegio hasta que poco a poco gane confianza y se atreva solo. Si tu no puedes ir pídele a alguien cercano que lo acompañe. En última instancia puedes hablar con el profesor y pedirle que él salga a recibirlo (si es que el motivo es que se burlan de él en el patio por ejemplo).
  • Enséñale que ir al colegio es parte de la rutina de los niños. No lo castigues por no ir al colegio porque lo único que lograrás es aumentar el desagrado por este. Dale ejemplos y diles que todos los miembros de la familia tienen unas obligaciones, que igual que tú vas al trabajo él tiene que ir al colegio.
  • Por último, si este comportamiento se alarga más de 6 meses en el tiempo llévale a un psicólogo infantil y no lo dejes pasar, te ayudará a solucionar el problema de raíz y no dar pie a que derive en algo más serio.

 

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