Mirando hacia atrás: la forma más segura de viajar en auto

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Mientras en Suecia los niños viajan en sus asientos infantiles mirando hacia atrás hasta que cumplen los tres o cuatro años, la práctica habitual en la mayor parte del resto de países es sentarlos mirando hacia adelante en sus sillitas cuando cumplen un año de edad o cuando pesan más de nueve o diez kilogramos. ¿Qué es más seguro? ¿Hasta cuándo deben los niños viajar en sus sillitas mirando hacia atrás? ¿Por qué?

Viajar mirando hacia atrás es más seguro que hacerlo hacia delante. Lo anterior está demostrado tanto para adultos como para los niños, y tanto en choques frontales como laterales (sorprendentemente, sobre todo en estos últimos). Muchas de las lesiones más graves que todavía sufren los niños que viajan en asientos orientados hacia delante se evitarían utilizando asientos orientados hacia atrás. Desde hace veinte años se sabe que, mientras que los asientos infantiles que miran hacia delante previenen, en el mejor de los casos, el 75% de las lesiones, los que miran hacia atrás llegan a evitar el 95%. Los niños deben viajar mirando hacia atrás todo el tiempo que sea posible, y existen sillas infantiles en el mercado que permiten hacerlo hasta los tres o cuatro años.

¿POR QUÉ ES MEJOR HACIA ATRÁS?

Un pequeño cuello (y muy débil) para una cabeza muy grande Una guía sobre seguridad de los niños en el automóvil elaborada por un fabricante de este tipo de vehículos en el año 2004 explica de modo muy didáctico por qué es tan importante que los niños viajen en el automóvil mirando hacia atrás. Según esta guía, “la manera más segura de viajar en el automóvil es mirando hacia atrás. De hecho, lo mejor sería que todos nosotros viajáramos de este modo; pero, teniendo en cuenta el diseño de nuestros vehículos, ello no es posible en el caso de los ocupantes adultos. Pero los niños pequeños pueden, y deberían, viajar mirando hacia atrás todo el tiempo que fuera posible”.

Como continúa esta guía, en una colisión frontal, el tórax es firmemente retenido por el arnés o el cinturón de seguridad, pero la cabeza de un ocupante que viaje en el sentido de la marcha es lanzada hacia delante con una fuerza considerable. La inercia hace que la cabeza siga moviéndose hacia delante y hacia abajo hasta que la barbilla golpea el esternón y, entonces, “rebote” hacia arriba y hacia atrás. El cuello de un ocupante adulto puede soportar estos esfuerzos relativamente bien, pero no el cuello de un niño pequeño. Además, mientras que la cabeza de un adulto representa aproximadamente el 6% del peso total de su cuerpo, en el caso de los niños pequeños, la cabeza constituye hasta el 25% del peso total. Los músculos y los ligamentos del cuello del niño, por otro lado, tampoco han finalizado su desarrollo, y son más débiles que en el caso de los adultos. También en caso de colisión lateral, la cabeza de los niños que viajan en asientos mirando hacia delante está menos protegida que si viajaran en asientos orientados hacia atrás. Cuando se viaja mirando hacia delante, es más fácil que la cabeza se desplace hacia delante al inicio de la colisión –ya que lo habitual es que el vehículo que sufre el impacto esté moviéndose en dicha dirección en el momento del choque–, sobresalga fuera de los confines o protecciones laterales del asiento, y quede expuesta a impactos contra otros ocupantes, las estructuras del vehículo o, incluso, objetos del exterior como árboles u otros vehículos. En caso de alcance trasero, y por las mismas razones expuestas hasta el momento, sí que es posible que un asiento infantil orientado hacia delante proteja mejor a su ocupante que otro orientado hacia atrás. Sin embargo, los alcances traseros son normalmente accidentes menos violentos que las colisiones frontales. De hecho, son muchísimos menos los ocupantes de vehículos que resultan grave o mortalmente lesionados en alcances traseros que los pasajeros lesionados en colisiones frontales.

La idea de llevar en el vehículo a los bebés y a los niños mirando hacia atrás es de origen sueco, y apareció en la década de los 1960. Fue propuesta por el profesor Bertil Aldman de la Universidad de Chalmers en Gotemburgo (2). El profesor Aldman se inspiró en los asientos de la misión espacial Gemini que usaban los astronautas para el despegue y el amerizaje, asientos que estaban especialmente instalados para distribuir las fuerzas en dichas fases del vuelo espacial sobre toda la espalda. En el año 1964, Aldman ya había diseñado un asiento infantil orientado hacia atrás y en 1969 ya había un asiento de este tipo a la venta en Suecia. Poco después, en el año 1970, General Motors presentaba en Estados Unidos su “portabebés de seguridad”.

En resumen, el principio que subyace en los asientos infantiles orientados hacia atrás es muy sencillo: en caso de producirse una colisión frontal, es toda la espalda del niño la que soporta los esfuerzos o fuerzas que se producen durante el impacto, y no su cuello, que es mucho más vulnerable. De hecho, el movimiento relativo entre la cabeza, el cuello, la columna vertebral, la médula espinal y el tórax es muchísimo más reducido que en asientos orientados hacia delante. En los asientos orientados hacia atrás, es todo el respaldo del asiento el que sujeta al niño (tanto su espalda como su cabeza) durante una colisión frontal, y no únicamente las cintas del arnés de seguridad, cuya superficie es más estrecha y, como se ha indicado, tampoco son capaces de controlar de modo efectivo el movimiento de la cabeza del niño.

Una efectividad muchísimo mayor Según la Administración Nacional Sueca de Carreteras (Swedish National Road Administration, SNRA), “los niños pequeños que viajan en sillas de seguridad mirando hacia adelante corren un  riesgo cinco veces mayor de morir o sufrir lesiones graves que los niños que viajan en sillas de seguridad mirando hacia atrás”

El manual noruego de medidas de seguridad vial, una referencia a nivel mundial, indica que “hasta los 4 años de edad, los asientos infantiles que miran hacia detrás son más seguros que los que miran hacia delante: mientras que los primeros previenen el 80% de las lesiones, los que miran hacia delante evitan el 50% de ellas”.

 

RECOMENDACIONES FINALES

La recomendación final para los padres es que los niños deben viajar mirando hacia atrás todo el tiempo que sea posible. Ello evitaría lesiones que pueden producirse aún utilizando asientos orientados hacia delante y que podrían prevenirse prácticamente en su totalidad con asientos orientados hacia atrás. Los asientos orientados hacia atrás son mucho más seguros que los asientos orientados hacia delante. Cuando un bebé crezca y su sillita para bebés se quede pequeña, se debería cambiar de silla por una de mayor tamaño, pero que todavía permita seguir viajando en esa posición. Los niños deberían viajar mirando hacia atrás, siguiendo la práctica nórdica que tan efectiva se ha demostrado, hasta los tres o cuatro años.

 

 

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