Más del 70% de los niños dice vivir violencia en sus hogares

Hoy se conmemora el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, una fecha en la que se busca la reflexión a nivel mundial respecto de niñas, niños y adolescentes que sufren distintas formas de violencia.

En Chile, se puede constatar que el maltrato infantil afecta transversalmente a niños, niñas y adolescentes de todos los sectores sociales, ya que el 77% de ellos dice vivir violencia en sus hogares. Así lo señala la docente de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, Guila Sosman.

Por lo mismo, la experta en atención y evaluación psicológica de personas víctimas de expresiones de violencia y vulneración de derechos, advierte sobre la importancia de que los adultos tomen conciencia de la forma en que están educando, formando y cuidando a niños y niñas, y de cómo ello impacta en sus vidas. “La violencia hacia los niños y niñas no se encuentra únicamente en zonas de guerra o en realidades sociales precarias, sino que es parte de la realidad cotidiana de muchos de los hogares de Chile y está en nuestras manos como padres y madres el contribuir a la formación de jóvenes distintos, mejores, que resuelvan sus conflictos sin violencia y de manera más justa”, indica la especialista.

A propósito del 4° Estudio de Maltrato Infantil del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) del año 2012, Sosman indica que un 51.5% de los niños y niñas sufre algún tipo de violencia física, como cachetadas, zamarreos, empujones o jalones de pelo, y que el 25.9% sufre violencia física grave, entendida como golpizas, agresiones con cuchillo o quemaduras.

Al revisar estos datos, no es posible negar que este problema es de una gran relevancia a nivel social. “El maltrato infantil es una de las más graves vulneraciones de derechos que afecta a los niños y niñas de nuestro país, generando graves daños en su desarrollo y crecimiento; afectando la relación con sus padres, pares y entorno social más directo, como también su salud física y mental, provocando un deterioro generalizado en su calidad de vida presente y futura”, precisa la psicóloga.

En este sentido, mientras en distintos contextos personales, profesionales y también en los medios de comunicación escuchamos apreciaciones negativas respecto de la pérdida de valores, de disciplina, de inocencia, de falta de comunicación y excesivo uso de las redes sociales de la niñez y juventud actual, la docente de la Universidad del Pacífico cuestiona la actitud de muchos adultos. “No nos preguntarnos acerca de nuestro rol como cuidadores y cuidadoras de esta niñez y en qué medida hemos abierto el camino para que ingresen nuestros niños y niñas a una sociedad cada vez más compleja, exigente y dinámica”, puntualiza.

Guila Sosman explica que este mismo escenario también ha dado pie para que aparezca, de vez en cuando, un antiguo anhelo por mayor disciplina o por volver a los métodos de antes. “Es así como surgen voces que advierten que un palmetazo en el momento adecuado asegura que el hijo aprenderá la lección. Lamentablemente, aún hoy, está validado el palmetazo, el tirón de orejas o la ducha fría para castigar al niño o niña que no sigue las órdenes de los padres, sin tomar conciencia de que estas acciones son, sin ninguna duda, agresiones físicas e implican el ejercicio de maltrato infantil”, advierte la experta.

Otras formas de maltrato que sufren los niños y niñas tienen que ver con la negligencia y la falta de cuidado, señala la docente de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico. “Esta forma de violencia en general es de más difícil detección, no obstante la falta de atención o cuidado a las necesidades básicas de un niño, como es la salud, la educación y la alimentación, también es una forma de maltrato infantil grave y violento”, indica.

Sosman agrega que los niños y niñas agredidos de cualquier forma, ya sea física, psicológica o sexualmente, entre otras, presentan efectos en su juventud y adultez, favoreciendo un terreno fértil para futuros adultos con una autoestima negativa, baja tolerancia a la frustración, inadecuado manejo de las emociones y la agresión, dificultades en el establecimiento de vínculos profundos con otros e impulsividad, entre muchos otros problemas, los cuales han sido ampliamente investigados y corroborados por la psicología y la neurociencia.

Por ello, la psicóloga no avala ningún tipo de violencia. “Aún se escuchan ideas insertas de manera transversal en la sociedad, que señalan que nuestros padres y abuelos aprendieron bajo el rigor del castigo físico, sin que esto haya implicado algún efecto en su salud mental, lo cual es al menos cuestionable”, concluye la docente de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico.

 

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