La impuntualidad… un problema a resolver

reloj

Nicolás Boileau dijo “Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera.”

Tiene toda la razón. Generalmente cuando esperamos a alguien dedicamos al menos un par de minutos en despotricar contra la persona que está atrasada.

Tengo un pariente que siempre decía: “Mejor llegar primero e irse último para asegurarse que nadie hable mal de ti”. No creo que sea tan terrible no cumplir esta ley pero definitivamente la impuntualidad es algo que nos puede jugar en contra.

La puntualidad, más allá de ser un problema de manejo de tiempos es como un tipo de vida, la gente impuntual suele ser impuntual en todo lo que hace. El problema es que esto puede traer problemas bastante graves como perder un trabajo, perder aviones, horas al doctor, las entradas para un concierto, en fin, un sin fin de cosas que, sumadas, producen es estrés.

Pero, ¿por qué somos impuntuales? Diana DeLonzor realizó un estudio en Estados Unidos para entender las razones de esto. Ella plantea que algunos se atrasan por la adrenalina que les produce el estar atrasados, otros tienen dificultades para motivarse y por último hay un grupo que combina los dos. El problema es que cuando preguntó a gerentes de empresas sobre la impuntualidad dijeron que ese podía ser un impedimento para promover a alguien. A fin de cuentas llegar 10 minutos tarde cada día por un año equivale a una semana de vacaciones pagadas.

Diana plantea que existen siete categorías de atrasos crónicos:

El racional que tiende a poner la culpa en circunstancias ajenas a él y por lo tanto le cuesta asumir su responsabilidad en los atrasos.

El productor son los que siempre están ocupados y por ende siempre andan atrasados.

El deadliner (el que espera a último minuto) que son los que de manera subconsciente disfrutan el estrés del último minuto, se sienten más vivos cuando se les está acabando el tiempo.

El rebelde que se resiste a la autoridad y llega tarde como una forma de tener el control.

El evasivo que siente ansiedad en su entorno y trata de controlarlo por lo que sus propias necesidades vienen siempre antes que llegar a la hora.

El indulgente que tiende a posponer las cosas, tiene menos control en si mismo.

El distraído que se olvida de las cosas y está atrapado en sus propios pensamientos, en su introspección.

El problema de fondo es que la gente impuntual no se da cuenta cómo esto afecta a las vidas de las otras personas. En general, la gente puntual se siente pasada a llevar y molesta con la gente que no lo es.

DeLorenzo plantea que los impuntuales deben tener en cuenta que ser puntuales les puede ayudar a su autoestima ya que no van a tener que partir el día pidiendo una disculpa, una mentira o con la sensación de que no tienen el control en su vida. Podría disminuir el estrés de la persona y mejorar sus relaciones interpersonales. Esto no quiere decir que sea fácil, es más bien un hábito que hay que cambiar.

Así que a ponerse las pilas, pensar en el prójimo y tratar de cambiar los malos hábitos.

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