Familia y escuela: la red clave para combatir el consumo de drogas

“La gravedad del fenómeno de las drogas radica en que no solo produce severos daños a la salud de quienes la consumen, sino que también afecta directamente a la familia y al entorno que los rodea, lo que se relaciona con diversas problemáticas sociales”, explica la coordinadora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, Catherine Moller.

Dada esta cruda realidad es que en 1987 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 26 de junio de cada año como el Día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas.

Basándose en datos y definiciones de organismos nacionales e internacionales, la asistente social indica que para abordar eficazmente la prevención de drogas se requiere del apoyo de todos los actores sociales para contribuir a la disminución de su consumo. “Por ejemplo, de acuerdo a datos de la CEPAL, la prevención del consumo de drogas se define en un sentido amplio como un conjunto de procesos que promueve el desarrollo integral de las personas, sus familias y la comunidad, anticipándose a la aparición del problema o trabajando con y desde el problema, evitando la conducta de consumo, fortaleciendo factores protectores y disminuyendo los factores de riesgo”, señala Catherine Moller.

En Chile, es el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), la entidad gubernamental responsable de elaborar las políticas de prevención del consumo de drogas y alcohol, así como de tratamiento, rehabilitación y reinserción social de las personas afectadas por estas sustancias.

“La Estrategia Nacional de Drogas y Alcohol se traduce en distintos programas preventivos en el ámbito escolar, laboral y comunitario, que se llevan a cabo a nivel local a través de los municipios”, aclara Catherine Moller.

Sin embargo, la docente de la Universidad del Pacífico plantea que la familia y la escuela son dos espacios que deben trabajar en conjunto para potenciar los factores protectores y obtener un mayor impacto y cumplimento de los objetivos de la prevención.

Red preventiva

“Los cambios producidos en nuestra sociedad en las últimas décadas han afectado el equilibrio de muchas instituciones sociales. Por un lado, en las funciones familiares y especialmente en los estilos educativos, aparece una cierta confusión y desorientación de los padres y madres en relación a sus funciones parentales. Crecen las manifestaciones de incertidumbre e inseguridad ante las actuaciones con los hijos e hijas, moviéndose entre estilos coercitivos y permisivos de crianza”, comenta Moller.

Por otro lado, la especialista señala que hoy los patrones de entretención y modos de vida de los jóvenes mantienen a los padres preocupados por las posibles situaciones de riesgos y modelos de referencia para sus hijos. En este sentido, plantea que “la familia constituye uno de los factores protectores más importantes del individuo, porque en ella se desarrollan las características individuales como la autoestima, los valores y hábitos. Las relaciones interpersonales que en ella se generan pueden significar, en conjunto con lo anterior, la predisposición o no al consumo de drogas”, advierte.

De esta forma, se hace necesario que el trabajo con la familia involucre fuertemente a los padres y/o adultos significativos en el desarrollo de los niños, entregándoles herramientas que les permitan establecer mejores relaciones familiares, fortaleciendo sus propios factores de protección y disminuyendo los de riesgo. “Prevenir el consumo de drogas, así como educar, se concibe como un proceso de preparación para la vida.  En esta lógica es prioritario que la prevención sea un proceso continuo y cotidiano del quehacer educativo, a través del cual se busque potenciar el desarrollo integral, fomentar la adquisición y desarrollo de capacidades relativas al cuidado de sí mismo, de los otros y del medio”, señala la docente de la Universidad del Pacífico.

Sin embargo, el rol del colegio también es relevante. “Se considera a la escuela como uno de los principales agentes de socialización y un espacio privilegiado, donde se adquieren los aprendizajes relacionados con la vida en sociedad y los aprendizajes afectivos y actitudinales necesarios para enfrentarse adecuadamente a situaciones de consumo de drogas”, destaca la asistente social.

“Esto significa, que la escuela y liceo, junto a su responsabilidad en el desarrollo de conocimientos y habilidades, tienen responsabilidad en la formación de actitudes, comportamientos e internalización de valores. Por otra parte, la escuela cobra relevancia en la prevención, ya que es considerada como un espacio formativo en la que se refuerzan los valores entregados por la familia y permite trabajar esta problemática de manera integral e interactiva entre los estudiantes”, agrega Catherine Moller.

Algunos consejos para prevenir en familia

  • Converse sobre los riesgos del consumo de drogas y otros temas importantes para ellos.
  • Escuche y comprenda a sus hijos e hijas
  • Establezca normas y límites claros
  • Oriéntelos a tomar decisiones y a resolver conflictos adecuadamente
  • Involúcrese en su educación
  • Promueva valores y hábitos saludables

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