Estimular el habla en los niños

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Las mejores personas para estimular el habla de los niños son los padres. Nosotros no podemos ser reemplazados con nada y sin la estimulación que les damos su lenguaje no podrá desarrollarse de manera normal y se le presentarán obstáculos en el camino. Por mucho que el niño pueda entretenerse solo con el juguete es importante que haya un interlocutor que lo escuche y hable con él. Efectivamente, sin la cooperación y ayuda de los padres no se puede pensar en una evolución satisfactoria del habla. El problema que podemos encontrar en esto es la ya clásica falta de tiempo. No es raro que uno llegue tarde en las noches y los niños ya están durmiendo o que, si se tienen varios hijos, no se les pueda dedicar atención exclusiva durante el día.

En realidad, no se trata tanto de tiempo sino de actitud. Hay familias con muchos hijos donde siempre se presentan ocasiones de estar a solas con uno de ellos, por ejemplo, cuando los llevamos a acostar o cuando vamos al doctor con uno de ellos. Esos momentos deben ser aprovechados para estimular el habla con el niño. En la práctica parece que la mayoría de las veces los papás pensamos en otras cosas mientras preparamos al niño para acostarlo o cuando vamos con él en la calle. Si en ese tiempo le dedicáramos nuestra atención, la necesidad de tiempo de que los niños requieren se vería satisfecha sin que haga falta reservar un tiempo adicional o especial para ello.

El niño, desde que nace, recibe información diversa del medio ambiente: sonidos, luz, textura de su pañal, de la piel de su madre, etc. Todo esto influye y el niño lo asimila, ya que durante los 4 ó 5 primeros años de vida son como una esponja que todo lo absorben.

En esta época es cuando el niño aprende la mayoría de las cosas que va a saber cuando adulto. Aquí, todo lo que hacen y dicen los padres influye en la conducta del niño, cada una de las actitudes lo esculpe, cada una de las palabras lo marca indeleblemente, influyendo y condicionando día a día su desarrollo. Lo que hace que sea el mejor momento para estimular a nuestro hijo.

De allí la importancia de ayudar y estimular el desarrollo del habla del niño. Los niños no crecen ni se desarrollan adecuada y óptimamente sin la ayuda de los padres. Si es así, ¿por qué no influir en forma apropiada y positiva en dicho proceso?

Hablar con el niño desde que nace

Los padres que mantienen una relación cariñosa, calmada y verbalmente estimulante con su niño desde el momento que nace, suele propiciar el desarrollo adecuado de su lenguaje y su personalidad integral. Cuando le hablan al alimentarlo, bañarlo y cuidarlo, mucho antes de que pueda entender sus palabras, le hacen sentir seguro, protegido y estimulado para comunicarse.

Más “tarde”, de manera natural, los padres deben estimularlo nombrando las cosas y las actividades que realiza con él: “toma tu mamadera”, “ahora te pongo el zapato”, etc. y así el niño irá aprendiendo que cada cosa tiene su nombre.

También es conveniente que los padres llamen siempre a las cosas y situaciones por su nombre o con las mismas palabras o frases. De esa forma el niño empieza a entender las palabras y luego a hablar él mismo, únicamente por medio de las repeticiones frecuentes que le hacen.

En esta etapa el niño entiende las palabras, pero no puede expresarse. Este hecho se olvida a menudo cuando el niño se retrasa en esta adquisición, exigiéndosele que pronuncie correctamente las palabras: “Di sopa”, “Di otra vez sopa”, “Di auto”, “Di otra vez”, y así se le presiona a que repita una y otra vez. Pero, como el niño no ha llegado aún a la fase en que se encuentra en condiciones de repetir bien, se le presiona y exige demasiado; entonces no sorprenderá a nadie que luego no quiera hablar ya absolutamente nada.

¿Qué hacer entonces? Bueno, no hay otra cosa mejor que hablar con el niño, pero sin exigir o presionarlo a que hable, ya que muchos problemas surgen en este aspecto precisamente porque el adulto quiere que las cosas se realicen como él desea, sin tomar en cuenta las posibilidades e inclinaciones reales del niño.

¿Cómo conseguir esto? Realmente no es difícil, sólo requiere paciencia y comprensión, debiendo para ello realizar lo siguiente:

  • Nombrar con cierto énfasis todos los objetos y situaciones con los que el niño está en contacto.
  • “Imitar” todas las emisiones fónicas de su niño (como guu, ta-ta, brr, etc.). Al escuchar los sonidos que usted emite, se sentirá estimulado a balbucearlos él mismo otra vez. De esta forma, poco a poco, el niño llegará a imitar cada vez más sus propios sonidos y de quienes lo rodean
  • Los gestos que acompañan al sonido son especialmente apropiados para estimular el habla del niño. Por ejemplo:

*   ti-ti : al ver a un auto

*   pum : cuando algo se cae y explota

*   ayy : cuando le duele algo

*   puff : cuando algo huele mal

*   miau : cuando ve al gato

*   guau-guau, quiquiriqui, etc., cuando ve esos animales.

De ese modo se le incita a repetir o imitar. “Más tarde” se le va preguntando algo relacionado con cosas simples y de acuerdo a la edad del niño, por ejemplo: “¿Dónde está tu naricitaAquí”; hasta que él solo diga: “Aquí,” a la vez que se le va guiando la mano para que toque su nariz y decir “AQUÍ”. De ese modo se estimula también la identificación de su cuerpo y otras cosas de su entorno, lo cual, además de producirle alegría, no conlleva el riesgo de cansarlos.

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