Criar con amor, apego, respeto y colecho por @Alepolig

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Estamos todas de acuerdo que la maternidad es el acto de amor más generoso que podemos vivir las mujeres. Es en esa experiencia para toda la vida que conocemos el amor más infinito que se pueda sentir y ese amor lo debemos transmitir en todo lo que hacemos.

¿Por qué parto con esta reflexión? Sencillamente porque a medida que pasa el tiempo, más me doy cuenta de que debemos aprovechar cada instante, cada minuto, cada segundo de nuestros hijos. La vida pasa tan rápido y cada vez más, esas instancias para estar juntos, se van haciendo más escasas.

El fin de semana recién pasado, asistí a una charla de Ibone Olza, Psiquiatra Infanto Juvenil y que gracias a Nacimiento y Crianza nos habló de un tema fantástico. La charla se llamaba “Apego y desarrollo cerebral: como el amor moldea el cerebro”. Simplemente, escucharla fue una maravilla, porque muchas cosas que creemos que sabemos, no son ni cerca de la realidad que pasa en ese maravilloso acto que es el parto y la maternidad.

No podemos dejar de pensar nunca que el rol de la madre es esencial para la supervivencia de nuestro hijo. En ese sentido, y recordando todo el rato lo que dijo Ibone, los mamíferos son tan sabios. Están con sus crías hasta que ellas ya se pueden cuidar solas, las amamantan hasta que ellas ya son capaces de buscar su propio alimento. La naturaleza habla siempre y es cosa de los humanos intentar nadar contra esa corriente.

En la crianza de mis hijos, muchas veces me dejé llevar por esos consejos que creía harían que ellos estuvieran mejor. Sobre todo con la primera, que hasta el libro “Duérmete niño” me leí pensando que podría “hacer mi vida un poco más fácil”.

¡Qué pensamiento más egoísta! Hoy me doy cuenta de que al momento de decidir ser madre, dejé de pensar sólo en mi para comenzar a pensar en dos o en tres o en los hijos que decidiera tener. No hay nada mejor que poder disfrutar a nuestros hijos en todas sus etapas y de fomentar un desarrollo total de ellos: emocional, físico y en todos los aspectos.

Los humanos, todos nosotros, venimos preparados para dormir acompañados. Desde el principio de la historia que ha sido así y no debemos ir en contra de eso. Ellos son tan pequeños y frágiles, necesitan de nuestra atención a cada momento y debemos internalizarlo en nuestras mentes.

Somos nosotras las que debemos demostrarle al mundo el acto de amor que es el parto, debemos disfrutar nuestro momento de lactancia, debemos fomentar el apego con nuestros hijos siempre y a cada momento. El apego no sólo se da lactando, el apego también se da en el contacto piel con piel, en saber que tu hijo te siente a cada momento, es mirarse a los ojos y ver el verdadero amor.

El momento del parto debe ser único para cada una de nosotras. No comparemos ni miremos al lado. Como dijo Ibone, el parto es un momento sexual, ya que en éste se liberan las mismas hormonas que cuando hacemos el amor. Es por eso, que debe ser íntimo, tranquilo, como lo planifiquemos, donde nuestro ginecólogo conozca lo que esperamos de ese momento, que nuestra matrona nos acompañe, que nuestro hijo nazca tranquilo y que inmediatamente tengamos ese contacto piel con piel como lo esperamos durante nueve meses. Ahora, obviamente tomando en cuenta siempre los factores médicos que rodean ese momento y nunca exponiendo más de la cuenta  a nuestro pequeño.

Mi invitación es a disfrutar cada momento de la vida de nuestros hijos, como ya les dije al principio, el tiempo pasa tan rápido y el único regalo que les podemos entregar para siempre es amor. Que se sientan protegidos y amados cuando niños, podrá marcar su futuro. Si duermen con nosotros, en algún momento de su pequeña vida ellos solos tomarán la decisión de irse a su cama. Que cada vez que despierten, vean en nuestros ojos amor, cariño y protección. Eso, les aseguro, nunca lo olvidarán.

No nos rijamos por lo que otros dicen, rijámonos por lo que nuestro instinto y la naturaleza nos a enseñado a lo largo de millones de años. Ser madre es un regalo único que debemos respetar y mejorar en la medida que vayamos teniendo más experiencia. Ninguna de nosotras nació sabiendo ser madre, pero hemos ido aprendiendo y creciendo con nuestros hijos. Ellos también nos van guiando y enseñando, para finalmente, formar ese círculo de amor eterno.

Además, gracias a una crianza de amor, le estamos regalando también un desarrollo más tranquilo, donde su cuerpo y su mente se puede ir formando bajo ese concepto, donde su seguridad se verá reafirmada y donde encontrará todas las herramientas que necesita para enfrentar la vida.

Pero la crianza también debe ser respetuosa. Sí, respetar las necesidades de nuestros hijos, respetar sus momentos de aprendizaje, sus momentos de amor, sus momentos de vida. Si ya sabemos que cada niño tiene sus tiempos y sus necesidades específicas, no seamos nosotras las que ponemos un freno a ese desarrollo, a esas necesidades y a que ellos disfruten de nuestro amor tranquilos.

Para finalizar, les quiero dejar una frase que nos dejó Ibone en su charla y que, cada vez que la leo, la encuentro más cierta “Es en la infancia cuando aprendemos a amar” (J. Bowly).

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