Constelaciones Familiares y la relación con los hijos

nostalgia de verlos crecer

Las Constelaciones Familiares surgen desde la psicología transpersonal de la mano de Bert Hellinger en Alemania, en la década del 70, con el tiempo a cruzado fronteras creciendo al punto de transformarse en una “filosofía para la vida” que todos podemos aplicar a nuestro día cotidiano. Se trabajan con un constelador que puede realizar sesiones individuales o grupales.

Las constelaciones hablan también de qué hay detrás de la relación con nuestros hijos. Para los que somos padres o madres de hijos pequeños y no tanto también, podremos reconocer que existen dos grandes tipos de hijos; según palabras de la sicóloga mexicana Martha Alicia Chávez, existen los llamados “hijos oasis”, son aquellos que nacen sabiendo cómo comportarse, son responsables, son fáciles de criar, dan poco que hacer, nos llenan de orgullo con sus gestos y logros; en la otra vereda están los “hijos maestros” (me encanta esta definición), son aquellos hijos que llegan a nuestro mundo a darlo vuelta, ya sea por alguna característica que sale de nuestra “norma”, un flaco en una familia de gordos o un moreno en una familia de rubios o un hijo del sexo “equivocado” (como si eso pudiera ser posible) o cuando simplemente hacen cosas “inadecuadas” que nos incomodan, nos avergüenzan poniéndonos en tela de juicio frente a nuestro entorno, definitivamente nos sacan de la zona de confort, por ellos leemos libros, vamos a cursos o talleres, ampliamos nuestro bagaje de herramientas, en definitiva nos ayudan a crecer, a ampliar nuestros horizontes, a abrirnos a espacios antes desconocidos.

Los “hijos maestros” a la larga son los más sanos emocionalmente hablando, ya que se atreven a expresar todo aquello que la familia calla, todo lo in nombrado que es energía oculta, el hijo la materializa movilizado por un profundo “amor ciego” intentando reparar lo que está separado, incluyendo aquello que es difícil mirar e integrar.

Es una mirada distinta a lo que se acostumbra leer o escuchar por ello daré algunos ejemplos ocurridos en constelaciones para explicarme mejor:

En una ocasión llegó una madre a un taller buscando “constelar” a su hijo de 5 años por las reiteradas rabietas por los más increíbles motivos, estaba en un punto que afectaba el relacionamiento familiar, la inste a reflexionar sobre ¿quién estaba realmente enojado en casa y se lo guardaba?, fue cosa de segundos para que las lágrimas aparecieran y confesara que ella estaba resentida con su marido y era incapaz de enfrentarlo, en ese caso el hijo expresaba el reclamo que la madre callaba; trabajamos la relación de pareja ya que las rabietas eran solo el síntoma y el origen venía de otro lugar.

Un caso que leí y me impactó mucho, se refería a una madre que había perdido a un hijo y frente a la demanda de los otros ella siguió la vida como si nada, guardándose en su interior la pena inmensa de esa separación, “casualmente” (desde lo sistémico las casualidades son inexistentes, todo ocurre para algo) su hijo menor empezó a sacarla de sus casillas con su compartimiento, llegó hasta poner juguetes en la olla de la comida mientras la madre estaba distraída, era tal su impotencia que se encerraba a llorar sola por largos momentos, de esa forma el hijo vivo lograba que la madre llorara al que había partido, cuando ella pudo hacerse cargo de su duelo inconcluso con todo lo que implica, la conducta del niño volvió a la de antes, quedó libre de tener que “ayudar” a su madre.

En otra oportunidad una mujer fue a un taller de constelaciones para entender a su hijo de solo 3 años que estaba triste por la separación de ella con el papá del niño, lo veía decaído según sus palabras; ¿quién era la que estaba realmente triste? Era ella misma que lo proyectaba en su hijo, ella estaba decepcionada por su fracaso matrimonial, en esa oportunidad se trabajó con la familia de origen de esa madre recientemente separada, especialmente con la relación con su propia madre. El hijo era solo el espejo de lo que la madre estaba viviendo. Puede sonar extraño el modo de llegar a una imagen de solución de este modo, lo que sucede es lo siguiente: así cómo es la relación con nuestra madre será la relación que tenga con la pareja, según palabras de Bert Hellinger. Yendo más allá la pareja había colapsado entre otras cosas por el constante reclamo de falta de atención de la esposa, de sentirse invisible y poco valorada en la relación, al indagar en su niñez hubo un abandono in expresado que se la reclama de forma inconsciente al marido, al sanar la relación con su madre, se sobrepone a su propio abandono, crece y puede darse lo que necesita a sí misma.

También los hijos e hijas hacen cosas por su padre, en una ocasión llegó un matrimonio muy dolido con el comportamiento de su hija pre adolescente a la consulta de la Dra. Chávez, antes la hija con el padre eran muy cercanos y compartían tiempo juntos, desde hacía unos meses a esa parte era cosa que se vieran para que las chispas prendieran, todo ello sin razón aparente; la doctora al indagar en la historia del padre descubrió sus humildes orígenes y su pasión por la música, en especial por el piano, el cual era totalmente inaccesible para su familia y lejos de sus necesidades cotidianas, siendo un adulto vio la posibilidad de comprar uno para su hogar y que su hija cumpliera su deseo más preciado de saber tocarlo, para lo cual empeñó hasta un reloj muy valioso; por otra parte la hija se sentía presionada a tomar unas clases que le aburrían y cada vez que miraba el instrumento en la sala ardía en impotencia, al cabo de un par de sesiones el padre pudo decirle a su hija lo decepcionado que se sentía por la indiferencia que ella manifestaba a su anhelo y la hija pudo expresar que ese sueño era suyo y que a ella le interesaban otras cosas. Al conocer cada uno los sentimientos del otro pudieron retomar su relación.

En estos ejemplos, así como en algunas ocasiones vemos a nuestros hijos como una extensión nuestra, sentimos que ellos pueden cumplir con nuestros sueños y anhelos incumplidos, lo cual es un error, ya que aquello que pudo ser valioso para nosotros puede ser indiferente para ellos.

Como en la experiencia de un hijo que quería estudiar ingeniera como su papá y este insistía que fuera en la universidad más prestigiosa del país, el hijo estuvo de acuerdo hasta que vio la malla curricular y la carga horaria, la cual lo hizo desistir de la idea, el padre estaba fuera de sí, quería a toda costa que su hijo estudiara allí y le era incomprensible que por pasar tiempo con los amigos y salir a escalar los fines de semana dejara “su” sueño de lado, amenazó hasta en quitarle el apoyo. En casos como estos, cuando la guía paterna o materna se transforma en exigencia, hay que prestar atención que hay detrás de aquella imposición. Al hacer una introspección en la vida del padre, resultó ser que él hizo solo 2 años en esa universidad y fue incapaz de cumplir con todos los requisitos y renunció, ahora veía en su brillante retoño la posibilidad de hacer realidad ese anhelo frustrado, al poder verlo pudo aceptar y apoyar la decisión de su primogénito que era fiel a su propio destino.

Para las constelaciones, casi siempre este tipo de conductas es para equilibrar algo del sistema que está en desorden, cuando se restituye el orden, mirando hacia donde mira el hijo, todo vuelve a su sitio, la vida fluye sin mayores sobresaltos, ya que el orden encauza al amor.

 

Soledad Sánchez Vivero: Constelaciones Familiares

serserenoconstelaciones@gmail.com / Facebook SER SERENO / +56 9 9682 3839.

 

You Might Also Like